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En España el respeto es revolucionario. Fernando de los Ríos.

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Las reivindicaciones de los comuneros

El reino está alterado, el rey desacatado, el pueblo levantado. Si vosotros [los comuneros] queréis olvidar algo de vuestro enojo y los gobernadores perder algo de su derecho, yo lo doy todo por acabado, porque en las guerras civiles más pelean los hombres por la opinión que toman que por la razón que tienen (...) y porque no parezca que los gobernadores no desean el bien del reino, quiero ahora aquí mostrar lo que quieren hacer. 
Lo primero que prometen es que nunca que salga Su Majestad del reino se pondrá gobernador en Castilla que no sea castellano (...) Que todas Las dignidades, tenencias y oficios del reino se darán a naturales y no a extranjeros. Que las rentas reales se encabezarán en un honesto arrendamiento, de manera que las ciudades ganen bien y la Corona real no pierda mucho (...) Que Su Majestad mandará reformar su casa y cercenar los gastos, atento a que los desordenados gastos acarrean nuevos tributos.
Que, por extrema necesidad que tenga, el rey no sacará ningún dinero de estos reinos para llevar a Flandes, ni a Alemania, ni a Italia, atento a que pronto paran los tratos en los reinos en que no hay dineros. También prometen que no permitirá el rey que hierro de Vizcaya, alumbres de Murcia, vituallas de Andalucía ni sacas de Burgos se carguen en naos extranjeras sino de Vizcaya y de Galicia, atento a que los extranjeros no puedan robar y los naturales tengan con qué ganar de comer. Que su majestad no dará castillo roquero, ca-sa fuerte, puente, puertas, torre si no fuere a hidalgos llanos y abonados, y no a caballeros poderosos que, en tiempos revoltosos, se puedan alzar con ellos. Que el rey no dará cédulas para sacar pan de Campos para Portugal ni de la La Mancha para Valencia, atento a que muchas veces el poderlo llevar allá lo hace encarecer acá. 
Y también prometen que el rey mandará reformar los trajes, tasar los casamientos, dar ley a los convites, reformar los monasterios, visitar las chancillerías, reparar las fortalezas y fortificar las fronteras, atento a que en todas estas cosas hay necesidad de reformación y aun de corrección.

FRAY ANTONIO DE GUEVARA (1480-1545). Epístolas familiares, nº LVIII

CLASIFICA EL TEXTO.

¿Qué tipo de texto es?

Es un texto histórico circunstancial que relata las peticiones de los comuneros. 

¿Es su autor contemporáneo de los hechos?

Si. 

¿A quien va dirigido el texto?

A los comuneros, a Carlos V y a los gobernadores de las ciudades de Castilla. 

ANALIZA EL TEXTO

¿Cuándo estalló la sublevación de las Comunidades ? ¿En qué territorios? 

 En 1520. En algunas ciudades de la Corona de Castilla, especialmente en Toledo, Segovia y Salamanca. 

¿Quienes eran los comuneros, gente del campo o de las ciudades? ¿Quien estuvo al frente de ellos?

Gente de las ciudades. Nobles de segunda categoría y maestros de oficios.

¿Por qué protestaban los comuneros? ¿Se pueden conocer todas sus quejas a partir de este documento? 

Fundamentalmente, por la escasa participación de la comunidad en el gobierno del reino; por la salida de España del oro, la plata y la lana; por los excesos de los consejeros flamencos de Carlos V; por las pretensiones de la nobleza sobre el patrimonio de la Corona y por la permanente ausencia de España por parte del rey. Se pueden conocer la mayoría de ellas. 

ANALIZA EL TEXTO.

Explica el significado de los siguientes términos o expresiones: Chancillería, hidalgos, encabezar las rentas. 
- Chancillería: tribunal superior de justicia, cuyas sentencias eran irrevocables, salvo en casos excepcionales en los que se podía recurrir al Consejo de Castilla. 

- Hidalgos: último escalafón de la nobleza. 

- Encabezar las rentas: realizar el tanto alzado con el que un grupo de contribuyentes satisfacía al tesoro público. 

¿Qué prometieron los gobernadores a los comuneros, según las palabras de fray Antonio de Guevara? 

Que los oficios y dignidades se concederán a los naturales y no a los extranjeros; que se recortarán los gastos de la Corona; que no se permitirá la salida de España de dinero ni de otras mercancías y que se recortarán las pretensiones de la nobleza sobre el patrimonio de la Corona. 

¿Por qué el monarca sacaba dinero del reino y lo llevaba a Flandes, Alemania e Italia? ¿Qué consecuencias tenía esto para España?

Porque lo necesitaba para pagar a las tropas imperiales destinadas en aquellos territorios y a los banqueros y asentistas a los que debía dinero. El aumento de los impuestos, el crecimiento del déficit de la hacienda pública, la compraventa de los cargos municipales y las bancarrotas del Estado. 

COMENTA Y VALORA EL DOCUMENTO. 

¿Qué papel mantuvo la aristocracia castellana respecto al movimiento comunero?

Se mantuvo al margen hasta que los comuneros alentaron los movimientos antiseñoriales para ganar apoyo popular. 

¿Cómo finalizó la sublevación de las Comunidades? 

Con la derrota de los comuneros en Villalar y el triunfo del autoritarismo regio. 

¿Qué postura triunfó, el autoritarismo regio o la de los comuneros?

El autoritarismo regio. 

¿Fue e la sublevación de las Comunidades un caso aislado o hubo otros movimientos similares a este? 

Hubo otras revueltas, como las Germanías, aunque las causas no fueron exactamente las mismas. 

¿Cuál crees que es la opinión del autor acerca de los comuneros? 

Una opinión favorable a la causa de los Comuneros. 


Debate: ¿Fueron las reformas del conde-duque de Olivares un intento de castellanizar Cataluña?



12. CLASIFICA EL DOCUMENTO. 

Es el Gran Memorial del conde-duque de Olivares, un texto histórico de carácter político que contiene el proyecto reformista del valido de Felipe IV.

El conde-duque de Olivares. Fue el valido de Felipe IV y tuvo las riendas del gobierno hasta su caída en 1643. 

Era un informe enviado al rey en el que Olivares expresó lo esencial de su política reformista. Perseguía reforzar la autoridad real y lograr la uniformidad en la legislación y la contribución a las cargas de la monarquía por parte de todos los reinos. 

13. ANALIZA EL CONTEXTO DEL REINADO DE FELIPE IV.

* La reducción de oficios y empleos cortesanos, la protección de las actividades artesanales y del comercio, la disminución de los gastos suntuarios, la abolición de los millones, la creación de una serie de erarios públicos y montes de piedad, algunas medidas para aumentar la población, y la creación de la Unión de Armas. Tuvieron escaso éxito, puesto que lesionaban los intereses particulares de los propietarios, las oligarquías locales y los comerciantes; hubo diversos motines contra la nueva fiscalidad , y las Cortes se negaron a aprobar la propuesta de los erarios y la introducción de un sistema tributario nuevo y unitario.

 * Fue muy contestada, como pusieron de manifiesto las rebeliones en Cataluña, Portugal, Nápoles y Sicilia. 

*  Relaciones con Holanda: la Tregua de los Doce Años había finalizado en 1621 y se habían reanudado los enfrentamientos con Holanda. En torno a 1624, los tercios españoles luchaban al mando de Spínola y conseguían sus mayores éxitos; se trataba ahora de una pugna por frenar el poderío comercial y colonial holandés. El final de la guerra entre estas dos potencias supuso la independencia de Holanda, que se obtuvo en la paz de Westfalia de 1648. 

*Relaciones con Francia: hacia 1624, España atravesaba una abierta política de enfrentamiento con Francia. Luis XIII, basándose en la política agresiva española en Europa, declaró la guerra a España en 1635 y, aunque las primeras campañas resultaron favorables a los ejércitos españoles, la derrota de Rocroi, en 1643, supuso el principio del fin. 

*Relaciones con Inglaterra: se mantenían los acuerdos de la paz de Londres de 1604 y los ingleses habían aprovechado la circunstancia para consolidar sus posiciones comerciales en el Atlántico; en 1657, España entró en guerra con Inglaterra como respuesta al apoyo que ésta estaba prestando a Francia. 

RESPONDE.

* Hacerse rey de España, sin hacer diferencias entre los distintos reinos. 

* Que la existencia de fueros debilitaba el poder real. 

* En el documento se mencionan dos medios: admitir a los habitantes de los distintos reinos en los oficios y dignidades de Castilla;  y provocar tumultos en los diferentes territorios y aprovechar para asentar y disponer las leyes de conformidad con las de Castilla. Porque no estaba justificado provocar tumultos. 

DA TU OPINIÓN.


DÉCIMAS SOBRE EL ESTADO DE LA MONARQUÍA.



CLASIFICA EL DOCUMENTO. 

* Es una sátira política.

* Francisco de Quevedo, uno de los grandes escritores del Siglo de Oro español. Calderón de la Barca, Cervantes, Lope de Vega... Autos sacramentales, obras de teatro, novela picaresca.

* Porque hubo una brillante y extensa actividad en todas las facetas artísticas y literarias.

EXPLICA EL SIGNIFICADO DE LAS SIGUIENTES EXPRESIONES. 

* España se encuentra en una situación muy difícil.

* Las guerras por el control de los Países Bajos y de los territorios italianos han provocado un ambiente de crispación social en España, donde las tropas italianas y castellanas se comportan, además, indisciplinadamente. 

* Cataluña no acepta el proyecto de uniformidad legislativa y contributiva que pretende Olivares, por considerarlo contrario a sus fueros y libertades.

* De manera irónica, expresa cómo la Monarquía Hispánica concedió escasa importancia a la rebelión de Portugal y concentró todas sus fuerzas en Cataluña. Esta actuación facilitó la independencia del reino.

RESPONDE.

* Porque en ambos territorios estallaron rebeliones con un carácter separatista. 

* Al conde-duque de Olivares. Porque no estaban de acuerdo con su proyecto de uniformidad y de castellanización de todos los reinos. 

* En el de Felipe IV. En la alusión a las rebeliones de Barcelona y de Portugal y la referencia de forma más o menos clara al conde-duque de Olivares. 

* Un valor fundamental al conectar, desde el punto de vista del escritor, las ideas del pueblo con los problemas de la Monarquía. 

* Si, por el marcado carácter crítico de estas décimas en expresiones como [España] ya monta a caballo más que a maravedís o [la guerra de Portugal] ¿qué ha sido? / Mucha costa y gran ruido. / ¿Y tanta jornada? Nada.

* Una composición literaria que recrea con un sentido crítico y moralizante la realidad política.  

LA HISTORIA DE ALFONSA Y ERNESTO.

La revista Crónica publicaba en septiembre de 1936 la historia de Alfonsa y Ernesto, dos milicianos que se habían casado en el frente. La información gráfica no indica la ideología política de la milicia ni el frente de lucha, posiblemente el madrileño. En los números posteriores el fotoperiodista no continuó con su historia vital, sumergiéndose ambos en la Historia en mayúsculas de la Guerra Civil española. 



¿Quieres visitar la fuente histórica? 


La actividad que os propongo es recrear las historia de vida de ambos pero utilizando todos los recursos literarios de la ficción. Para ello, en la estructura de vuestro texto debéis utilizar los contenidos analizados en las unidades dedicadas a la II República, la Guerra Civil y el franquismo, eso sí, seleccionándolos, estructurándolos y otorgándoles un punto de vista personal.  





Os planteo un ejemplo muy sumario. 

Ernesto finalmente fue movilizado al frente de Aragón mientras Alfonsa no tuvo más remedio que quedarse en Madrid. Ernesto jamás regresó aunque la correspondencia entre ambos se mantuvo hasta 1938, entendiendo Alfonsa que la ausencia de cartas desde ese momento se debía a la muerte de Ernesto en la batalla del Ebro ya que tenía conocimiento de que había luchado allí. Finalmente Alfonsa se exilió a México y Ernesto, tras su traslado a un hospital de sangre de Barcelona pudo salir de España por los Pirineos. Alfonsa volvió a casarse en México con Juan, un destacado miembro del Partido Comunista. Por su parte, Ernesto luchó durante la II Guerra Mundial junto a la resistencia franco-española, participando en la liberación de París. En 1947 Juan y Ernesto coincidieron en un Congreso del PCE y, a la hora del café, en medio de una acalorada conversación sobre política  apareció el nombre de Alfonsa, la irrenunciable anarquista. 






LOS DERECHOS POLÍTICOS DE LA MUJER EN LA PRENSA REPUBLICANA (1870).

“DERECHOS POLÍTICOS DE LA MUJER.

Todas las preocupaciones caen.

La mujer se emancipa.

No sólo muchas adquieren grados académicos, sino derechos políticos.

Esta gran gloria estaba reservada al gran país que ha dado derechos al negro...

¿Qué lugar ocupa la mujer en la sociedad, y especialmente en España?

¿Por qué no ha de disfrutar los mismos derechos civiles que los hombres?

¿Por qué no ha de gozar de libertad?

¡La mujer! Fuente de amor y de ternura, en que nuestra rutina injusta e insensata sólo ve un objeto de voluptuosidad; ¿por qué no ha de obtener un puesto en las tribunas de la ciencia, de las artes y de la política?

¿Por qué ha de vivir olvidada, oscurecida y condenada a un perpetuo aislamiento?

A la mujer no puede negársele el talento; no puede negársele una imaginación privilegiada; no puede negársele, en fin, el desarrollo de sus facultades intelectuales, y, por consiguiente, es tan digna de ocupar elevados puestos en la sociedad, y tan capaz de desempeñarlos, como el hombre más experto. Pero el denso velo del oscurantismo, de las viejas tradiciones, del lamentable atraso en que nuestra civilización se ha encontrado hasta hoy, la ha tenido relegada al olvido; la ha encerrado en el oscuro recinto de la ignorancia, porque así convenía al egoísmo del hombre dominante.

Pero ya es tiempo. La sociedad camina a su progreso. La sociedad se mueve, y el oscurantismo y la ignorancia desaparecen ante el sol de la civilización.

Por eso en la nación del progreso, en la culta Inglaterra, que lleva en muchas cosas dos siglos de ventaja a las demás naciones europeas, se alzó ya una Mill a reclamar los derechos que el hombre usurpó a la mujer, de esos derechos que la poderosa naturaleza le concediera con la vida, al crearla un ser racional y libre.

Por eso en Wyoming, en los Estados-Unidos, tienen ya el derecho de votar; por eso forman parte del jurado, y por eso, en fin, hemos de verlas algún día ir a depositar con sus delicadas manos en las urnas de los sufragios el voto de su conciencia..."

FUENTE: La Igualdad, número correspondiente al 1 de julio de 1870 (aunque en el periódico se indique por error 31 de junio). 

MANIFIESTO ELECTORAL DEL PARTIDO REPUBLICANO FEDERAL.

"El COMITÉ REPUBLICANO DE MADRID A LOS ELECTORES. Electores: designados por el sufragio de nuestros correligionarios para dirigir en Madrid las próximas elecciones que han de formular el pensamiento y la voluntad del país, dueño de su soberanía, nuestro principal deber es invocar el númen que nos ha iluminado en la oscuridad de la desgracia y nos ha sostenido en el esfuerzo del combate: invocar nuestros principios. Débiles, por ellos nos hemos hecho fuertes; oscuros, por ellos hemos adquirido en mayor o menor grado la estimación pública; escasos de instrucción, por ellos hemos avasallado la conciencia de las generaciones presentes; no menos escasos en número e importancia, por ellos hemos concluido llenando con las huestes de la libertad el país e influyendo soberanamente en todos los partidos.

Sean cualesquiera las descomposiciones y recomposiciones que los nuevos hechos traigan al partido democrático; sean cuales quiera los servicios, que nosotros reconocemos en aquellos de nuestros antiguos correligionarios, por tantos títulos ilustres, que, obedeciendo a errores gravísimos, aunque excusables por la nobleza de sus móviles, han pactado con partidos diversos y opuestos al nuestro, no ya una coalición en la esfera de los hechos y de la conducta que podrán justificarse por lo supremo de las circunstancias y lo grave de los peligros, sino una coalición de principios, absurda, imposible, cuya inutilidad demostrarán bien pronto crueles y merecidos desengaños; sean cualesquiera las fuerzas de descomposición, que nosotros declaramos grandes, la importancia de los que en este momento nos han abandonado, importancia excepcional, porque son los más elocuentes, los más ilustres, los más valerosos, los más fuertes, los más queridos y respetados de todos; eso no importa nada cuando algunos, siquiera sean los más débiles y oscuros, se quedan con los principios; porque no hay ningún hombre por grande, ninguno por fuerte, que tenga la estatura y la fuerza de una idea.

Y la idea capital de nuestro partido; aquella que resume todos nuestros principios; aquella que contiene todas nuestras reformas; la que grabamos en las Cortes Constituyentes sobre el trono, entonces poderoso, de Isabel II, hasta obligarlo a derrumbarse bajo su peso; la que sostuvimos en la prensa desafiando la recelosa censura de los fiscales y el látigo de los tiranos hasta lograr la absoluta libertad de la palabra; esa idea, a que no podemos renunciando sino renunciando a la vida; esa idea, que bien pronto hemos de ver aclamada por todos los españoles corno la única salvación de su independencia, es la idea de República.

Sí, la República es la forma esencial  de la democracia, como el cuerpo humano es la forma esencial de nuestra vida, como la palabra humana es la forma esencial del pensamiento. Pudo en otro tiempo, pudo en otras condiciones históricas, pudo la República contagiarse con el feudalismo, como se contagia la sangre con el aire apestado; pero hoy, después del advenimiento del pueblo y de su alianza con la libertad, hoy en América y en Europa sólo existe la democracia donde existe la República, y sólo se llaman partidos democráticos los partidos republicanos.

La monarquía es una institución de tal manera injusta, absurda, que donde existe, sólo existe para conservar algún privilegio, para sostener alguna iniquidad. Existe en Inglaterra para conservar la más insolente de las aristocracias y la más orgullosa de las iglesias; en Portugal, para subordinarlo a Inglaterra; en Bélgica, para subordinarla a Francia; en Grecia, para subordinarla a Rusia; en el Brasil, en las riberas del Nuevo Mundo, limpias de reyes, para sostener la infamia de la esclavitud y los crímenes de los negreros. Si hay algún país en el mundo que, llamándose República, guarde el bárbaro comunismo monástico de los siglos medios; si hay algún país, como el Paraguay, donde las libertades no hayan penetrado a través de las instituciones republicanas, la causa está en que ese país toma un nombre usurpado y guarda la base de la monarquía, su esencia; es incomprensible la viciosa vinculación del poder supremo en una familia, que impone sus privilegios como una marca deshonrosa de generación en generación, y trasmite la sombra de sus errores, como una herencia funesta, de siglo en siglo. Pero nosotros, españoles, nosotros hemos derribado todos los privilegios, y nada tenemos que temer, ni nada que esperar de la diplomacia europea. Nosotros hemos consumido este siglo, todo este siglo, en esfuerzos titánicos para derribar la monarquía. Tendiendo la vista por el largo martirologio de la libertad, recordando los nombres gloriosos de Lacy, de Riego, de Torrijos, de Zurbano, de Cámara, se descubre que sus verdugos fueron los reyes. Subiendo con el pensamiento a las épocas en que ganamos la libertad para perderla en seguida, se aprende que la ganamos siempre por el esfuerzo del pueblo y del ejército reunidos, y la perdimos siempre por las maquinaciones de los palacios conjurados contra nuestros derechos.

El nuevo monarca que busquemos de rodillas por el mundo; el nuevo monarca, engendro raquítico de una diplomacia enemiga en todas partes de la revolución, no nos deberá lo que nos debió Fernando VII, seis años de guerra con el extranjero; no nos deberá lo que nos debió Isabel II, siete años de guerra civil; no nos deberá los esfuerzos, los sacrificios que los otros reyes constitucionales nos debieron; y, por consiguiente, se creerá menos ligado aún que ellos a respetar nuestros derechos, tomándonos por los más desgraciados de todos los esclavos, por esclavos voluntarios, que apenas han conseguido su libertad, cuando la han abdicado a las plantas de un rey, y, para mayor ignominia, de un rey extranjero.

Los españoles todos, sin distinción de escuelas y partidos, saben que la solución que menos seguramente nos divide, la que más nos fortalece, la que conserva nuestra antigua independencia es la República: sí; la República que nos impedirá, después de tres siglos de extrañas dominaciones y extranjeras dinastías, ver este país de Daoíz y Verlarde, este país de Bailén y Talavera, este país de Gerona y Zaragoza, el modelo de pueblos independientes, el salvador de las nacionalidades libres, cayendo más bajo que Grecia y que Rumania en manos de la diplomacia europea, que se disuelve como se disuelven todos los cadáveres, al contacto del aire y de la luz de nuestro siglo.

Pero entre los españoles, aquellos que más deben desear la República y más repeler la monarquía son los españoles comprometidos moral y materialmente en la gloriosa revolución de setiembre. El pueblo no ha entendido derribar solamente una dinastía; cuando ha arrancado de los antiguos blasones el remate de la corona, ha querido pisotearla, y la ha pisoteado, para que no reapareciese jamás dignamente sobre ninguna cabeza. Los principios proclamados por la revolución: los derechos individuales, como leyes de todo organismo político; el sufragio universal, como origen permanente del poder; las libertades absolutas de imprenta y de reunión, como eternos tribunos armados de su reto moral contra todas las arbitrariedades del poder, son principios incompatibles con la monarquía. Y la prueba está en que, mientras existen todos en las dos Repúblicas-modelos que hay en el mundo, no existen en ninguna monarquía, ni en las más liberales; porque las absurdas monarquías democráticas, como la de Luis Felipe, apenas han nacido, cuando, por impulso fatal de su organismo, han devorado libertad y democracia.

La igualdad de derechos; la igualdad, que es el gran principio del partido democrático; la igualdad, que es la extensión de las libertades a todos los hombres; la igualdad no existe allí donde una familia amortiza las más altas magistraturas, las más trascendentales funciones sociales: la autoridad y el poder. La libertad, ese principio fundamental de la vida, la libertad se detiene ante un trono inviolable, irresponsable, hereditario, exceptuado de la crítica, puesto en esferas inaccesibles, limitando, por su propia organización y por sus atributos esenciales, todos, absolutamente todos los derechos, que se vuelven raquíticos, por desiguales, en cuanto no se extienden dentro de su espacio natural, de su forma propia, que es la República.
Por esta razón, así que el comité se ha reunido, así que sus individuos se han juntado merced al llamamiento de millares de sus correligionarios, se han decidido a proclamar por unanimidad como la idea capital de sus creencias políticas, como la forma inseparable de los principios democráticos, como la necesidad suprema del momento, como la consecuencia lógica de la revolución, como la idea que nos une a todos los pueblos y nos separa de todos los despotismos, como la solución inmediata que debemos sostener en la prensa, en los comicios, en el Parlamento, seguros de que su triunfo próximo y definitivo es indudable, se han decidido a pro-clamar la República. Con la República y por la República aseguraremos los derechos individuales, poniéndolos fuera del alcance de todos los poderes.

Con la República y por la República realizaremos constantemente el gran principio de la soberanía nacional, sin que lo limite ninguna institución, y sin que lo manche ningún sofisma.

Con la República y por la República el municipio recobrará su autonomía y la provincia sus condiciones de vida y de derecho en una amplísima descentralización. La República y sólo la República puede lograr que el Parlamento central salga inmediatamente del sufragio de todos los ciudadanos y el poder supremo del Parlamento, como ha sucedido en el periodo más glorioso de nuestra historia, durante las Cortes de Cádiz, que nos dieron libertad y patria, sin necesidad de esas presidencias, semejantes a las monarquías, y tentadoras para las desapoderadas ambiciones humanas. Con la República y por la República resolveremos el problema capitalismo de nuestro siglo, el problema que será su honra y su título de gloria en lo porvenir: la alianza inseparable de la democracia con la libertad.

La República nos dará las libertades que nos faltan y nos confirmará las libertades que hemos conquistado: la libertad de pensamiento y de conciencia, la libertad de enseñanza y de cultos, la separación radical entre la Iglesia y el Estado. La República nos dará, así para las elecciones de ayuntamientos como para las elecciones de diputados provinciales y de diputados a Cortes, el sufragio universal. La República asegurará el domicilio contra toda violación, la propiedad contra todo ataque, el trabajo contra todas las explotaciones y todas las servidumbres, el crédito y el comercio contra todas las artificiales barreras levantadas por los privilegios absurdos y el aislamiento monástico de las antiguas monarquías. La república asegurará la libertad de asociación con tal firmeza que los trabajadores puedan resolver por sí mismos, en el pleno goce de su dignidad y usando de todas sus libertades, el problema social que ha de elevar las clases desheredadas a las regiones de la verdadera vida.

La República es el Estado reducido a sus naturales límites y a sus funciones primordiales; la sociedad sustituyéndose a las arbitrarias leyes de los antiguos gobiernos, la pena de muerte abolida, el sistema penal reformado, las antiguas colonias tanto tiempo presas y explotadas entrando en su autonomía, el presupuesto rebajado en más de la mitad de su presente escandalosa cifra, las contribuciones indirectas abolidas, la deuda pagada religiosamente pero convertida a una sola clase, las quintas y las matrículas de mar Olvidadas para siempre, la realización completa de todo el programa democrático.

Y Como remate, como coronamiento de esta obra bendita, colocará inmediatamente la República el ara de la patria emancipada las cadenas de ochocientos mil esclavos; que no pueden continuar en la servidumbre desde el momento en que se caiga la clave de todas las injusticias, la esperanza de las restauraciones monárquicas.

 Electores: ya os hemos dicho nuestro programa, que debéis acoger, no por las oscuras personas que lo firman, sino por las claras ideas que lo enaltecen. Id con él, abrazados a él, sin transacciones debilitan, sin complacencias que matan la energía de los partidos; id con él a las urnas y depositar a favor de él vuestro voto, seguros de que salváis la patria, y con la patria Europa, y con Europa el mundo, cansado ya de llevar en su conciencia los restos podridos de la monarquía y de la teocracia. Contémonos, republicanos; sepamos cuántos somos, y sepa el mundo que aquí hay muchos ciudadanos que no están dispuestos a renunciar a su soberanía, ni a doblar la rodilla y la espina dorsal ante ningún rey de la tierra, ni a convertirse de libres en cortesanos.

Pero, electores, id a las urnas con la calma de los valientes, con la seguridad de los fuertes, respetando el derecho de todos, para que todos respeten vuestro derecho. Desde que cayó la monarquía antigua, a pesar de los votos del gobierno provisional por traernos otra quimérica, la verdad es que estamos en República. La legalidad es la República; el gobierno es republicano, porque ha recibido su investidura del pueblo, y sólo ante la representación del pueblo deberá dar cuenta de su política y de sus actos, y porque sobre él no se alza ninguna de esas coronas reales que matan a los gobiernos populares con su sombra. Lo que esta República necesita es ser legitimada por el voto de la Constituyente, y establecida, organizada por leyes tan sencillas como sabias. De suerte que hoy, electores, lo conservador, lo esencialmente conservador es la República; mientras lo anárquico, lo desordenado, lo perturbador es la monarquía.

Así, mientras las libertades de reunión y de asociación existan, mientras la imprenta sea libre, mientras el sufragio universal no se falsee ni se limite, mientras los derechos individuales, en fin, se vean respetados, importándonos poco los hombres y los partidos que gobiernen y los errores secundarios que cometan; debemos encerrarnos dentro de la legalidad y legalmente difundir nuestros principios.

Por lo mismo vuestro comité os encarga el deber más completo, el mantenimiento de la tranquilidad pública a toda costa y a todo trance. El pueblo que, teniendo el derecho de reunión, la libertad de imprenta y el sufragio universal, apela a los tiros y no a los votos, apela a las armas y no a las ideas, ese pueblo es un pueblo suicida. Las sociedades no pueden vivir en una perturbación continua. El derecho no se puede exigir sino cuando no se cumple el deber. Los ciudadanos jamás verán respetadas sus libertades, si no comienzan por respetar ellos primero la autoridad. La historia enseña que es fácil conquistar la libertad y difícil conservarla.

La historia enseña que muchas veces se ha perdido tan precioso bien por la inexperiencia de los pueblos y, no lo dudéis, los que os inciten al desorden, a la rebelión, quieren perderos. Y nosotros os excitarnos al orden y al respeto a la autoridad, nosotros que remos salvaros. Es un axioma, que nunca nos cansaremos de repetir, el siguiente: cuando se pone a una sociedad en la dura alternativa entre la anarquía y la dictadura, opta, guiada de instintos conservadores incontrastables, opta siempre por la dictadura. Tengan hoy los gobiernos, en medio del oleaje de las libertades públicas, una seguridad que jamás tuvieron bajo el capricho de los monarcas, y habremos salvado la patria y habremos hecho indispensable la República.

Electores: calma, tranquilidad, orden, respeto a todos los derechos, apoyo a toda autoridad legítima; ejercicio pacífico de todas las libertades; observancia escrupulosa de la moralidad pública; horror al criminal que ataque el orden cubriéndose con apariencias tribuno; mucha madurez política, y cuando se convoquen las Constituyentes, enviad diputados que digan: queremos salvar la república, porque todos la hemos conquistado con nuestro valor; queremos conservar la república, porque todos la hemos merecido por nuestra prudencia.

Salud y fraternidad.
Madrid 17 de noviembre de 1868.
Presidente, José María Orense. Vicepresidente, José Cristóbal Sorní. Blas Pierrad, Estanislao Figueras. Emilio Castelar. Francisco García López. Roque Barcia. Juan Pico Domínguez. Diego López Santiso. Ramón Chíes. León Taillet. José Benito Pardiñas. Pedro Pallares. Cesáreo Martín Somolinos. José García Cabañas. Santiago Gutiérrez. Valentín Corona. Diego María Quesada. Francisco Córdova y López. Ángel Cenegorta. Eusebio Freixa. Adolfo Joarizti. José Guisasola. Secretarios, Ceferino Tresserra. Antonio Orense. Julio Vizcarrondo. Federico Ordax Avecilla.

FUENTE: La Igualdad 18 de noviembre de 1868.

CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN EN ESPAÑA 1808-1833.







- Inquietud de la monarquía ante la revolución francesa.
- Floridablanca y el cordón sanitario contra la Revolución Francesa.
- La quiebra de la monarquía absoluta. 
- La batalla de Trafalgar. 
- Nelson, Trafalgar y el honor ingles. 
- El proceso de El Escorial. 

CRISIS DE LA MONARQUÍA ABSOLUTA DE  1808.

- El motín de Aranjuez. 
- Abdicación de Carlos IV. 
- Las abdicaciones de Bayona. 
- Napoleón y los motivos de la expedición a España. 
- El papel de Napoleón en la crisis dinástica de los Borbones. 
- Tratado de Fontainebleau.
- Reflexión de Jovellanos sobre las causas y efectos de la insurrección antifrancesa (1808).

GUERRA DE INDEPENDENCIA

- Orden de Murat de 2 de mayo de 1808. 
- Bando del alcalde de Móstoles. 
- Reflexión de Jovellanos sobre las causas y efectos de la insurrección antifrancesa (1808).
Manifiesto de la Junta Provincial de Sevilla (6-VI-1808)
- Catecismo español. 
- Texto historiográfico. El hambre en La Mancha y la Guerra de Independencia.
- La guerrilla, ¿el pueblo en armas? 
* Proclamación de José Bonaparte como rey de España.        
- Memorias del general francés Marbot.

REVOLUCIÓN LIBERAL-BURGUESA: CORTES Y CONSTITUCIÓN DE 1812.

- Estatuto de Bayona. 
- Decreto I de las Cortes de Cádiz, 24 de septiembre de 1810
- El concepto de ciudadanía en las Cortes de Cádiz. 
- Satiras sobre el debate político en las Cortes de Cádiz. 
- Ideología absolutista y antiliberal (1811).
- La Constitución de 1812.  COMENTADO. 
- Decreto de abolición de los señoríos (1811). 

SEXENIO ABSOLUTISTA (1814-1820). 

- Tratado de Valençay. 
- Manifiesto de los Persas. 
- Decreto de 4 de mayo que restablece la monarquía absoluta.
- Restablecimiento de la Inquisición. 
- Restablecimiento de los derechos jurisdiccionales. 
- Adhesión de España a la Santa Alianza. Carta de Fernando VII al zar de Rusia Alejandro I (1816).

TRIENIO LIBERAL (1820-1823)

Manifiesto del coronel liberal Antonio Quiroga tras la sublevación de 1820. 
- Decreto de 10 de marzo de 1820 por el que Fernando VII se compromete a acatar la Constitución. 
- Concepto de libertad de Martínez de la Rosa. El liberalismo moderado. 
- Proclama clerical y proabsolutista durante el Trienio liberal. 

DÉCADA OMINOSA (1823-1833).

- Decreto de restablecimiento del Absolutismo de 1 de octubre de 1823.  Comentado. 
- El exilio político en la España de Fernando VII. 
- Carta de Luis XVIII aconsejando tolerancia a Fernando VII (1823)
- Canto de Torrijos, de José de Espronceda. 
- Fernando VII confirma la Pragmática Sanción.


- CUADRO. Conspiraciones absolutistas contra Fernando VII. 
- CUADRO. La utopía insurreccional del liberalismo español. 


TODAS LAS ENTRADAS SOBRE EL TEMA


Instrucción que dio el conde-duque a Felipe IV sobre el gobierno de España, 1625

Tenga V. M. por el negocio más importante de su Monarquía, el hacerse Rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente V.M. con ser Rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto, por reducir estos reinos de que se compone España, al estilo y leyes de Castilla sin ninguna diferencia, que si V. M. lo alcanza, será el Príncipe más poderoso del mundo.
Con todo, esto no es negocio que se puede conseguir en limitado tiempo, ni intento que se ha de descubrir a nadie, por confidente que sea, porque su conveniencia no puede estar sujeta a opiniones y cuanto es posible obrar en prevención y disposición, todo lo puede obrar V.M. por sí mismo solo.

Instrucción que dio el conde-duque a Felipe IV sobre el gobierno de España, 1625

ARBITRISTAS. SANCHO DE MONCADA. LA CRISIS DEMOGRÁFICA DEL SIGLO XVII.

Las causas de faltar gente de España son muchas. Las antiguas (conocidas aun de los extranjeros), son pestes, guerras, hambres, y muchas expulsiones de arrianos, moros, judíos, y otros infieles, que hicieron los señores Reyes de España. La segunda, las guerras de Nápoles, Sicilia, Milán y Flandes, y otras muchas que ha tenido España. La tercera, las colonias, presidios y poblaciones, que tiene y ha tenido en tan anchas Indias Orientales, y Occidentales, y fuerzas de África. […] Pero nueva causa de faltar gente hay, porque el año de 1600 se advirtió a V. M. gran falta de ella, y el de 1601 hubo peste, y el de 1609 la expulsión de más de cuatrocientos mil Moriscos, y la mayor se conoce pocos años acá, de modo que los curas dieron un memorial a Toledo, en que advierten que falta la tercera parte de la gente (y aun hay quien dice que falta de tres partes de ella las dos) y dicen que en la carnicería se pesa menos de la mitad de la carne que solía. Y es cosa lastimosa que de sesenta casas de mayorazgos de a tres mil ducados de renta que solía tener, no quedan seis y de toda Castilla, Andalucía, la Mancha, Reino de Valencia, y hasta de Sevilla, todo es despueblos. Y el padre fray Diego del Escorial refiere que le dijo el Obispo de Ávila, que de poco acá faltan sesenta y cinco pilas de su Obispado, de donde se colige lo que será en lo demás.

Sancho de Moncada, Restauración política de España, 1619
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