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Coplas para sobrevivir. Conchita Piquer, los vencidos y la represión franquista.

"Ojos verdes" fue compuesta un año antes de la guerra civil española, cuando a la República le quedaban unos meses, aunque eso nadie lo sabía. ¿Qué significo para muchos españoles esta canción? 



Según Stephanie Sieburth, "numerosos vencidos habrán encontrado en la difícil situación de la protagonista de "Ojos verdes" un eco de su propia situación. Tanto para la protagonista como para los vencidos, el duelo no estaba legitimado por la sociedad de su entorno. En esta copla la relación amorosa de la prostituta es también ilegal por definición. Debido a la naturaleza ilegal y transitoria de las relaciones, ella no podía exhibir el duelo que estaba elaborando por el jinete ni hacer directamente a él en vez de al público. Por eso la canción se dirige directamente a él en vez de al público. Esta canción es un acto comunicativo íntimo entre la prostituta y su amante ausente, o entre el sujeto de un duelo y el objeto de su pérdida, en el que el público escucha secretamente. A través de este subterfugio, "Ojos verdes" proporciono a los vencidos la oportunidad de hacer público y audible su duelo en forma de clave, mediante la interpretación del papel de la prostituta, esa otra persona que, como ellos, también estaba de duelo y privada de sus derechos a exhibirlo.


Cuando expresa a su amante ausente y a sus oyentes toda la profundidad y la amplitud de su vivencia, la prostituta se muestra como una persona digna y de profundos sentimientos. Por mucho que el régimen la hubiese marginado por pecadora, el relato en primera persona de su experiencia y de sus sentimientos desmiente esa versión oficial. Al interpretar su papel también en primera persona, los vencidos podrían proclamar ante el mundo que sus historias de amor y de pérdida merecían ser destacadas al mismo título que las de cualquier otra persona. De esta manera, la canción reivindicaba a quienes el régimen había convertido en marginados, distorsionando o, simplemente, haciendo su historia". 




Enseñanza de la lengua, castigo y nacionalismo.

El castigo no suele aparecer en las representaciones habituales de la escuela, sin embargo, ha sido durante mucho tiempo considerado el eje sobre el que pivota la disciplina, el control, en definitiva, el "gobierno de la clase". No obstante, el castigo escolar tiene también una dimensión política no menos interesante, y no únicamente en contextos de clara represión política, sino que también es muy relevante en los procesos ordinarios de enseñanza en relación con disciplinas "nacionalizadoras".

En ambas fotos aparece un aro, una práctica que se usaba en Asturias, Galicia y Euskadi para señalar y estigmatizar al niño que se expresaba mal en castellano, un objeto del que subyace una práctica escolar de la exclusión al servicio de un interés nacionalizador.


Niños de Galicia a comienzos del siglo XX. El niño enmarcado con aro o anillo es señalado como desconocedor del castellano.

Grupo de niños de La Felguera. Algunos -los más ilustrados- muestran objetos de la escuela en la mano. Otro aparece rodeado con un aro, señalando que se expresaba mal en castellano.

En Galicia , al igual que en otras zonas, se vivía en una situación diglósica. La viñeta de Castelao expresa el hastío hacia una escuela extraña a la propia cultura especialmente en las zonas rurales.



Fuente: Agustín Escolano Benito, La España cubista de Luis Bello. Visiones desde la escuela, Madrid, UNED, 2014.

LA ROSA O LA BELLEZA EFÍMERA DE LA II REPÚBLICA.


19 de septiembre de 1936. La guerra civil que asola España va por su tercer mes, y aunque en un principio se había pensado que iba a ser de corta duración, poco a poco comienza a calar entre la población la idea persistente de que la resolución del conflicto no iba a ser tan fácil, y que la Segunda República -que había nacido con tantos sueños de progreso- se veía amenazada. En un pueblo de la provincia de Ciudad Real, una maestra asiste al desplome de la escuela republicana. Siente impotencia, siente dolor. Y surge en ella el pensamiento, cada vez más firme, de dejar por escrito su testimonio personal de lo que la Segunda República significó en el terreno educativo. No sabe cómo hacerlo por el temor a lo que está aconteciendo. Sin embargo, una idea se abre camino para conseguirlo. Existe, en las aulas escolares, un cuaderno colectivo que elaboran todos los alumnos, el cuaderno de rotación, generalizado durante los años republicanos por su fuerza metodológica y didáctica. Este cuaderno favorece el trabajo en equipo, la presentación esmerada del trabajo, el esfuerzo, la colaboración de todos los niños. Se llama de rotación porque cada día un niño, por riguroso orden de turno, vuelca en sus páginas lo más importante que se ha hecho durante el día en el aula. Es un cuaderno que registra el acontecer diario del curso escolar y que pertenece a la escuela como un testigo del paso de los alumnos por el aula. 

A la maestra se le ocurre dejar su testimonio guardado y velado en este cuaderno apaisado, de paste de hule negro, rayado, que había sido comenzado en enero de 1936. Dan las vacaciones de verano, las alumnas vuelven en septiembre, pero no existe ni un solo apunte que narre la contienda fraticida. Las páginas se suceden rítmicamente con letras diferentes de las alumnas del aula. El 19 de septiembre, una niña copia en el mismo el ejercicio que había previamente realizado cada una de ellas en su cuaderno individual de deberes. Es una poesía de Góngora titulada "A una rosa". La hoja del cuaderno queda dividida en dos apartados: a un lado, la poesía, al otro, un dibujo de un ovalado jarrón azul con rosas. El soneto es todo él una metáfora. En él se iguala la belleza efímera de la rosa al periodo republicano. Y marca el sufrimiento de la maestra, que no acepta que se hunda el nuevo modelo pedagógico que en la escuela se iba afianzando con el trabajo y la voluntad de muchos docentes comprometidos en ese ideal. En su fuero interno sabe que "la robusta mano" acabará con ella y pregunta: "Para tan breve ser ¿quien te dio la vida?".
La República nace el 14 de abril de 1931 y marca uno de los periodos quizá más cortos pero también de mayor dinamismo en el terreno educativo. En esta etapa se va a priorizar la atención, tanto al sistema educativo formar como a las actuaciones fuera del sistema, con la convicción de que la evolución y el desarrollo de España pasan por erradicar el analfabetismo, la gran masa de la ignorancia, y difundir la escuela. Podría decirse que la II República es escenario de confluencia de tres tradiciones: la de la Ilustración, la de la Institución Libre de Enseñanza y la del PSOE. Estas impulsan medidas fundamentales como la reforma del plan de enseñanzas de las Escuelas Normales; la nueva regulación normativa de las inspección escolar; una política de construcciones escolares; la ley de congregaciones religiosas en el plano legislativo, que impulsa el laicismo; la incorporación de metodologías activas y novedosas en la escuela; la fundación de las Misiones Pedagógicas, que llegan a los rincones más atrasados de la España profunda; la consolidación del prestigio de la Junta de Ampliación de Estudios o el Museo Pedagógico Nacional.
Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública, demandará la socialización de la enseñanza, basándose en la tesis que integra la escuela única o unificada: la relación entre la enseñanza superior y la vida social, el valor profesional de la enseñanza y la preocupación por la enseñanza de adultos. La escuela se va a convertir en el arma ideológica de la revolución española, en frase del propio director general de primera enseñanza, Rodolfo Llopis. La hermosura de la rosa es semejante a la República en su firmeza por dignificar la escuela pública y al magisterio primario.
Sin embargo, en la rosa que va madurando "está escondida la muerte temprana". Después ...viene el silencio. Los silencio hablan por sí mismo, a veces más que las palabras. Los silencios de la escritura y de los cuadernos son las páginas en blanco, tres hojas que siguen al poema y que representan los tres años de la guerra. Tal vez el poema habría pasado desapercibido si se hubiera seguido escribiendo en la página siguiente, y en la siguiente, pero no fue así. El vació blanco llena varias hojas ¿Por qué? Tal vez la escuela se cerró, tal vez la maestra no quiso volver a escribir en un cuaderno que era el testimonio fidedigno de lo que sucedía en el aula, tal vez se le acabaron las ilusiones... Es algo que nuca sabremos con certeza. Lo que si conocemos es que, más adelante, de nuevo, se retoma la escritura en el mismo cuaderno, ya en el año 1940, con unas palabras ¡Viva España! ¡Arriba España!. Se empezaban así otra época. La maestra se lamenta en la poesía junto Góngora: "Si te engañó tu hermosura vana, bien pronto la verás desvanecida, porque en ese hermosura está escondida, la ocasión de morir muerte temprana". Las ilusiones del proyecto republicano en el que se comprometen figuras como Luzuriaga, Fernando de los Ríos, LLopis, Marcelino Domingo o Domingo Barnés se desmoronaba tras la devastación que supuso la guerra. El cuaderno llegó hasta nosotros, en el siglo XXI, con unas maneras de concebir y hacer la escuela muy diferentes de la republicana y de la franquista. Sabemos que la maestra siguió al frente de esa escuela, y luego en la de un pueblo cercano, durante mucho tiempo, educando a generaciones de niñas. Hasta que las rosas volvieron a florecer, ella siguió manteniendo en la escuela la semilla viva que se sembró en el primer tercio del siglo XX.

Bienvenido Martín Fraile e Isabel Ramos Ruiz, La historia contada en los cuadernos escolares. La Catarata, 2015.

LAS NUEVAS FORMAS DE SOCIABILIDAD EN EL SIGLO XIX




Las nuevas bases sobre las que se fue estableciendo el liberalismo comportaban la creación de unas formas de organización que encauzaron los distintos deseos, más o menos acordes o enfrentados, de los distintos grupos sociales. Las continuadas pugnas por lograr una mayor libertad de opinión y de prensa o por ampliar las libertades de asociación son una clara muestra de la importancia concedida tanto a las nuevas formas de influencia en la opinión ciudadana como a la defensa de los propios intereses, cuando estos entraban en conflicto con los de otros grupos sociales e instituciones.

Los nuevos medios de difusión, confrontación y propaganda de las distintas ideologías presentes en la sociedad española del siglo XIX fueron, básicamente, las tertulias político-literarias, realizadas en algunos de los "cafés" de las grandes ciudades y que ocasionalmente dieron lugar a los liceos y ateneos, y la prensa periódica.

LAS TERTULIAS POLÍTICO-LITERARIAS: LOS CAFÉS Y LOS ATENEOS.

EL CAFÉ. 
Las reuniones de los cafés han sido consideradas como la forma más elemental y característica de agrupación de tipo moderno no basada ni en el rango social ni en los lazos familiares, sino en las opiniones libremente compartidas y discutidas entre los asistentes a dichas tertulias. En este sentido se les considera igualmente como los primeros centros de opinión de una sociedad parcialmente democratizada. Cuando crezca, posteriormente la importancia de la prensa, los cafés y sus tertulias continuarán teniendo gran importancia, hasta bien entrado el siglo XX, como centros primarios de sociabilidad masculina casi exclusivamente, de muy diversos grupos profesionales, sociales o políticos, incluyendo ya entonces a las asociaciones de tipo obrero y republicano.
En las reuniones celebradas en estos cafés de mediados del XIX era frecuente la presencia de literatos, periodistas, pintores, grabadores o impresores, que formaban la llamada "bohemia" española, que incluye a todos aquellos que, sin oficio estable, intentan dedicarse y destacar en el mundo de las letras o de las artes. Para lograr sus propósitos tuvieron que desplazarse a vivir en las grandes ciudades, que eran los lugares donde se daba una mayor vida cultural y que era la que les podía posibilitar alcanzar su meta artística, social y económica. 


DE LA TERTULIA AL ATENEO. 
Estas tertulias no se celebraron exclusivamente en los cafés, sino que también se realizaron en casas particulares de personas relevantes de la política o de la cultura. Estas reuniones, en ocasiones, dieron lugar a los Liceos o Ateneos, ya más institucionales y abiertos a otros públicos, y de cuyas direcciones solían formar pare los burgueses más representativos de la ciudad. El Ateneo de Madrid, por ejemplo, se constituyó en 1835 y en sus primeras juntas directivas estaban integrados gran parte de los políticos más destacados del siglo XIX, en su mayoría ministros o incluso presidentes de los distintos gobiernos liberales. 
Los ateneos no sólo fueron centros de debate político, sino que destacaron de igual manera por su aportación directamente cultural y científica. En ellos se establecieron cátedras, similares a las universitarias, y se dieron cursos y lecciones frecuentemente más actualizadas que las que tenían lugar en las propias universidades, más proclives a repetir lo ya tradicionalmente establecido y a no introducirse en los debates relacionados con las nuevas aportaciones científicas como, por ejemplo, las discusiones a propósito de evolucionismo, de las nuevas teorías liberales o de las nuevas concepciones a propósito del estudios de la historia.

LA PRENSA.

Hacia mediados del siglo XIX, los periódicos desempeñan ya una función política de primera magnitud. Estamos en una época en la que la prensa se distribuye, en su mayor parte, entre los suscriptores de la misma, aunque una parte menor también pueda ser adquirida sin necesidad de estar suscrito. La mayoría de periódicos aparecieron en grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, pero también abundaron en otras capitales provinciales y en ciudades con un menor número de habitantes. Muchas de estas publicaciones tuvieron una corta duración tanto porque disponían, en su mayoría, de escasas fuentes de financiación, como por el hecho de estar relacionadas con campañas puntuales de propaganda política o religiosa o de denuncia de alguna irregularidad administrativa general o local.
La presa publicada contaba, muy frecuentemente, con un corto número de páginas: en ocasiones, una sola hoja; normalmente con cuatro páginas y sólo esporádicamente con un número mayor. Las ilustraciones fueron muy escasas hasta después de los años cincuenta, con la excepción de algunas pocas revistas, las más caras, que hicieron publicidad de sus características imágenes en los propios titulares de las mismas, como, por ejemplo, La Ilustración Española y America o La Ilustración Artística. 
Los distintos gobiernos de tipo moderado y conservador, una vez lograda la instauración del sistema liberal, intentaron controlar a la prensa, especialmente a aquella que era más crítica con sus actuaciones políticas. Inicialmente lo hicieron a través de la censura o de la exigencia de autorización previa de publicación. Posteriormente se tendió a formas más indirectas de control económicos tales como la exigencia de depósitos previos, gastos de envío postal o el reparto de publicidad oficial en función de la línea política de los periódicos. 




LOS EMISORES: TIPOS DE PRENSA. 

Todo partido o grupo político intentaba disponer de uno o varios periódicos con los que propagar, por una parte, sus ideas y opciones y, por otro, atacar o ridiculizar las de sus adversarios políticos. Esta prensa política, por lo tanto, podía ser tanto de crítica seria como irónico-satírica. De hecho, las publicaciones de este último tipo fueron muy abundantes y en ellas se incluían numerosos grabados y viñetas en los que se ridiculizaba ácidamente a los dirigentes de las formaciones políticas opuestas. La Iglesia católica española, enfrentada con el liberalismo, también contó con un número amplio de publicaciones y en su conjunto igualaba prácticamente a las realizadas por el resto de la prensa política. 
Sólo hacia finales del siglo XIX comenzó a desarrollarse la llamada "prensa de empresa" o periodismo moderno, esto es, un tipo de prensa no vinculado directamente a la propaganda partidista y que funcionaba básicamente como otro tipo de empresa capitalista, con el ánimo de obtener beneficios económicos en función de las inversiones realizadas. 


EL PÚBLICO. 

El desarrollo de la prensa estuvo vinculado a la creciente alfabetización de la sociedad española, en especial desde mediados del siglo XIX, mediante la configuración del sistema público de enseñanza. Aunque la creación de este sistema público, sobre todo, de la generalización de la enseñanza primaria, fue muy importante sólo se consiguió que una parte de la población española lograse alcanzar un grado suficiente de capacitación para la lectura y la escritura. De hecho, la lectura en voz alta aún siguió siendo una de las formas más frecuentes y populares de conocer aquello que estaba en los periódicos o en los libros. 

EL TEATRO


Los teatros desempeñan también esta función de discusión y propaganda políticas. A través de sus textos literarios se defendían o se atacaban las posiciones y los planteamientos que, de otra forma, estaban presentes en los cafés, las tertulias o la prensa. De hecho, el interés de los gobiernos o de la Iglesia por controlar ideológicamente las representaciones teatrales fue casi tan importante como el ejercido sobre la prensa periódica.




LAS FIESTAS REVOLUCIONARIAS.





Las fiestas revolucionas tuvieron escasa importancia en España a causa de los escasos años en que hubo gobiernos progresistas que las permitieran o impulsaran. Sólo en ocasiones se celebraron desfiles o entregas de banderas en conmemoración de la Constitución de 1812 o, a imitación de lo hecho durante los años iniciales de la Revolución francesa, se realizaron desfiles o se plantaron "arboles de la Libertad". La celebración del Primero de Mayo, como Día o Fiesta del Trabajo se estableció internacionalmente en 1889, aunque en España tardó unos años en ser reconocida como tal. 

EL DOCUMENTAL HISTÓRICO EN ESPAÑA. ESPAÑA. UNA HISTORIA INMEDIATA.

En general solemos atribuir a Victoria Prego y la Transición los documentales que vimos de niños, sin embargo, estos fueron elaborados en el año 1995, cuando ya no éramos tan niños. Cosas de la memoria. En el otro extremo, nos viene a la cabeza Memoria de España, el megaproyecto audiovisual que el gobierno Aznar (se estreno en febrero de 2004) llevó a cabo en paralelo a la reforma del currículo de la materia de Historia de España en 2º Bachillerato, descubrimos, con sorpresa, que el Homo Antecessor ya era un patriota español, siempre de la mano del historiador de guardia de la derecha civilizada, Fernando García de Cortazar.

Por otro lado, es habitual olvidar los trabajos realizados en los años 80, en general con un buen soporte historiográfico (Tuñon de Lara, Ángel Viñas, Julio Aróstegui, etc.. estaban entre los historiadores) y centrados en la historia contemporánea y la guerra civil como temática principal. Por tanto, no todo fue desmemoria en la Transición.  

Estas series documentales fueron La víspera de nuestro tiempo, Memoria de España. Medio siglo de crisis, España. Historia Inmediata y España en guerra 1936-1939. He recopilado en nuestro canal de youtube España. Historia Inmediata, una de las mejores series de documental histórico realizadas en los 80.

La producción de España, historia inmediata se inicio en1981, pero la serie no se estreno hasta el 8 de enero de 1984 a la 22:00 en la Primera Cadena. Dirigida por José Luis Guarner y producida por José Fernández Cormenzana, pareció tomar el relevo a Memoria de España. Medio siglo de crisis, ya que reanudó la narración de la historia precisamente donde se había interrumpido ésta, es decir, en la antesala de la Guerra Civil. La serie pretendía, en palabras de Cormenzana, una visión "progresista" de los hechos acaecidos en nuestro país. 

La serie documental cuenta con las explicaciones de expertos como José Luis Alcofar, José Luis Aranguren, Joaquín Ruiz-Gimenez, el coronel Herrera, Enrique Fuentes Quintana, Antonio Hernández Gil, Jordi Solé Tura, Gonzalo Torrente Ballester y Javier Tusell. Además la serie inauguró una nueva presentación de los testimonios en la pantalla, ya que, a partir de ella, las talking-heads comenzaron a ser identificados mediante subtítulos y, al contrario que en los documentales anteriores, sus declaraciones fueron montadas sin estar precedidas de las preguntas que las motivaron. 

Por otro lado, tanto Memoria de España. Medio siglo de crisis como España, historia inmediata incorporaron al actor Fernando Rey como presentador y verdadero hilo conductor de la historia contada. La serie se cerró con veintiún episodios de una hora de duración. A los diecisiete que trataron los hechos y personajes históricos del periodo estudiado (hasta los años 50) se añadieron también seis ensayos monográficos de fenómenos históricos clave en la vida española desde principios del XIX. 

Espero que disfrutéis de la serie. Recomiendo el número 17. Un largo camino.

Pincha en la imagen para ver la serie documental.



Por último, es recomendable la lectura del libro que me ha llevado a este tema. 
Hernández Corchete, Sira, La historia contada en Televisión. El documental de divulgación histórica en España. Gedisa, 2008.

Hobsbawm y la España de los cincuenta.

Llevaba un tiempo con una tarea pendiente, la lectura de la autobiografía de Eric Hobsbawm, un autor que siempre ha sido una de mis referencias. El libro complementa su Historia del Siglo XX con interesantes reflexiones sobre el Stalinismo, la Guerra Fría, el Mayo del 68, la evolución de los Partidos Comunistas en Europa, los intelectuales, etc.. Los aspectos referentes a España suelen aparecer a lo largo del libro, siempre vinculados a la movilización de la izquierda británica a favor de la República durante la Guerra Civil, no obstante, el capítulo 20 "De Franco a Berlusconi" se dedica a España e Italia específicamente, en España son dos las experiencias del autor, una incursión en Puigcerdá en plena Guerra Civil, con no demasiada fortuna, y su viaje a España en 1951, del que os dejo este fragmento, con algunas intuiciones, a mi parecer, bastante interesantes.



Ya no estoy seguro de qué me empujó a viajar a España en las vacaciones de Semana Santa de 1951. Era un país cuya lengua desconocía, aparte de algunos textos de eslóganes y canciones de la guerra civil y el vocabulario ideológico que, en cualquier caso, era internacional. Como haría posteriormente en Italia, tuve que aprenderlo con las conversaciones, haciendo uso de vez en cuando de un pequeño diccionario de bolsillo. (Me resultó más fácil en Italia, donde la gente con la que hablaba utilizaba un italiano culto, que en España, donde apenas pude intercambiar información con intelectuales. De haber podido, probablemente nos habríamos entendido en francés.) Pero de una forma u otra, lograría cierta fluidez -aunque no gramatical- en ambas lenguas en muy poco tiempo, empezando inmediatamente después de mi llegada a Barcelona, por una velada en el Café Nuevo del Paralelo (café y espectáculo, un duro) cuando mi vecino, un albañil recién llegado de Murcia en busca de trabajo, me enseñó palabras tales como “guapa”, “fea”, “gorda”, “delgada”,”rubia”, “morena” y otros vocablos importantes mientras me indicaba su significado señalando los rasgos correspondientes en Ias artistas (mediocres) del diminuto escenario.Mis apuntes de entonces dan a entender que sentía muchísima curiosidad por las noticias en torno al gran boicot a los tranvías, llevado a cabo con éxito a principios de marzo en Barcelona, contra la subida de las tarifas, al que siguió una huelga general sobre la que escribí un trabajo a mi regreso. Pensaba, con demasiada anticipación, que aquel acontecimiento «rompía esa corteza de pasividad que (ante la falta de organizaciones ilegales eficaces) constituye el mayor triunfo de Franco en la actualidad... Fue una valoración excesivamente optimista, aunque las primeras brechas en el régimen empezaron a abrirse en la segunda mitad de esa década. Los exiliados antifranquistas que conocí por aquel entonces no provenían exclusivamente del entorno republicano, como era el caso del historiador Nicolás Sánchez Albornoz, hijo del hombre al que los emigrados seguían considerando presidente nominal de una República fantasma, sino que eran hijos de familias que formaban la elite franquista. Uno de ellos, mi querido amigo Vicente Girbau León, había pasado de su puesto en el Ministerio de Asuntos Exteriores del general directamente a una de sus cárceles. Posteriormente compartiría conmigo mi piso en Bloomsbury, antes de colaborar en la fundación de la casa editorial Ruedo Ibérico, cuyas publicaciones, entre ellas la obra pionera sobre la guerra civil española escrita por Hugh Thomas pasarían de contrabando a la Península y ejercerían durante los años sesenta una gran influencia en el interior del país sobre el movimiento de disidencia juvenil en rápida expansión. También fue él quien me puso más tarde en contacto con los anarquistas.
En cualquier caso, en 1951 tuve mi primera experiencia de una Barcelona que seguía estando llena de “esos grupos de la policía armada con uniforme gris y con fusiles y metralletas, diseminados cada cien metros por el centro de la ciudad y las puertas de las fábricas” que también vigilaban los característicos edificios palaciegos de las sedes bancarias, símbolo del paisaje de las calles céntricas de la ciudades de la España de Franco cual fortalezas de los dirigentes que regían los destinos de un pueblo hambriento. Tras unos días en Barcelona me dirigí, haciendo una combinación de desplazamientos por tren y en autoestop, hasta Valencia, luego a Murcia, Madrid, Guadalajara y Zaragoza, para terminar regresando a Barcelona.
A comienzo de los cincuenta España era un país pobre y hambriento, quizá más hambriento que lo que ningún ser viviente pudiera recordar. La gente parecía vivir de patatas, coliflor y naranjas. Mientras contemplaba la maravillosa catedral de tonalidades rosadas de Tarragona entra las ruinas de su época romana, me preguntaba si acaso la ciudad había atravesado alguna vez en su antiquísima historia por una situación tan dramática como aquélla. En España no había voces públicas. Las noticias que se producían en Barcelona llegaban al resto del país de boca en boca, por los viajeros como yo, por los vendedores ambulantes, los camioneros y algún oyente ocasional de las emisoras dc radio extranjeras. En la prensa sólo se hacían oscuras alusiones. Intelectualmente, España, la mayor parte de cuyos talentos había emigrado, era un país asfixiado (pocas obras españolas en las librerías “serias”; las traducciones e incluso los clásicos de la literatura española estaban principalmente en ediciones que procedían de América Latina).
España era infeliz. Una y otra vez, en cafés, en las cabinas de los camiones, en las oficinas increíblemente feas del servicio de correos, en los vagones de los trenes, lentos pero baratos, la gente solía hacer comentarios como: “Este es el peor país del mundo” o “La gente de este país es más pobre que la de cualquier otro lugar”. “Todo en este país ha ido de mal en peor desde Primo de Rivera”, decía la matriarca de una familia de buhoneros de Madrid que me tomó bajo su protección. España no había olvidado la guerra civil, y los vencidos, aunque desprovistos de todo poder y sin esperanzas, no habían cambiado su forma de pensar al respecto. Y sin embargo, una y otra vez, cuando surgía el tema, siempre había alguien que decía: "La guerra civil: no hay nada peor. Padres contra hijos, hermanos contra hermanos”. La España de Franco de comienzos de los cincuenta era un régimen que se sostenía en cl argumento de Thomas Hobbes de que cualquier orden político eficaz es mejor que no tener orden. El régimen sobrevivió, a pesar de lo perceptible que era su injusticia y de la impopularidad de que gozaba entre las masas -en cualquier caso en la zona este del país por Ia que viajé-, no tanto por su poder y su disposición a sembrar el terror, sino porque nadie deseaba otra guerra civil. Quizá Franco no habría conseguido mantenerse en el poder si, al final de la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos y los británicos hubieran decidido lo contrario y hubiesen permitido a las unidades de la resistencia armada del sur de Francia, compuestas en su gran mayoría de españoles republicanos, invadir el país. Pero no lo hicieron.
Jornaleros agrarios en Guadalajara. Años 50.

España, sobre todo, era un país aislado. Su régimen manchado de sangre seguía viviendo bajo el caparazón de la antimodernidad, bajo el catolicismo tradicionalista y la autarquía. La extraordinaria industrialización del país, que lo haría irreconocible y que incluso cambiaría el aspecto físico de los españoles en los treinta o cuarenta años siguientes, apenas había empezado. ¿En qué otro país europeo, excepto en Portugal -otro Estado igualmente enclaustrado-, se podía encontrar aún un lugar como Murcia, cuyo aspecto no se diferenciaba en nada de una ciudad provinciana de los Habsburgo de antes de 1914: docenas de niñeras vestidas con uniforme negro y blanco, vigilando a sus niños por la alameda, observadas por los soldados desde los cuarteles cercanos: muchachas de clase media siempre acompañadas por carabinas: campesinos y tratantes de cerdos haciendo negocios en los bares del mercado? Los turistas se contaban por centenares, no por decenas de millones. Las costas del Mediterráneo todavía estaban vacías. Cuando pienso en las de la Andalucía de comienzos de los cincuenta, lo que me viene a la memoria es una carretera desierta, polvorienta, en medio de un calor sofocante, discurriendo entre las rocas y el mar bajo, y la visión de unos buitres que descendían del cielo por todos los lados para unirse al resto de sus congéneres que ya estaban destripando el cadáver de una mula o un asno. Quizá fuera la ausencia de ese gran corruptor de la moral que es el turismo en masa de los ricos en la tierra de los pobres lo que permitía a los españoles de aquella época mantener su orgullo tradicional. Nada me sorprendió más por aquel entonces que la insistencia de los hombres y mujeres humildes por mantener una relación de reciprocidad: no aceptaban un cigarrillo sin ofrecer otro a cambio, o rechazaban la invitación a una copa de brandy de un inglés evidentemente más acomodado al no poder corresponder adecuadamente, pero en cambio sí aceptaban un café porque hasta ahí llegaban. De acuerdo con mi experiencia, los extranjeros todavía no eran principalmente una fuente de ingresos para la gente pobre, ni siquiera cuando -como en 1952- llegaban a Sevilla, como hice yo con un grupo de amigos estudiantes, en un yate claramente británico y lo amarraban en la ciudad, justo en frente de los bares de Triana, que por aquel entonces aún no eran un lugar de encuentro de la gente bien.
Como España parecía anclada en su historia, y posiblemente seguiría así durante mucho tiempo, resultaba un escenario extraordinariamente peligroso para los observadores y los analistas del exterior. La presencia abrumadora de un pasado aparentemente inalterable -incluido el pasado más reciente- ocultaba las fuerzas, internas y externas, que en las próximas décadas transformarían el país de un modo más espectacular e irreversible que prácticamente cualquier otro de Europa. Me esforcé en comprender su historia, pero, aparte de darme cuenta de que el franquismo no iba a durar, sinceramente no tenía ninguna pista que me indicara adónde se dirigía. Incluso en 1966 escribía lo siguiente: «El capitalismo ha fracasado de forma persistente en ese país, y lo mismo ha sucedido con la revolución social, a pesar de la constante inminencia de ésta y sus erupciones ocasionales». Todavía no se había evidenciado para mí cuán anacrónica era esa opinión ya por aquel entonces. ¿Acaso en los años cincuenta un contacto más estrecho con la oposición antifranquista o con los intelectuales españoles me habría proporcionado un sentido más exacto de la realidad? Lo dudo, pues el único partido de oposición eficaz que existía, el Partido Comunista seguía sin querer aceptar la información que del país les traían sus cuadros clandestinos de que no se vislumbraba en absoluto un derrocamiento repentino del régimen. Los anarquistas, otrora poderosos en el seno del movimiento obrero español, no habían conseguido sobrevivir a la guerra civil como una fuerza de peso. No obstante, cuando pienso en ello, me sorprende el poco contacto que mantuve en los años cincuenta con las personas intelectual y políticamente claves de España, o, antes de los sesenta, con la nueva generación de estudiantes y ex estudiantes españoles que vinieron a verme a Londres como a alguien de quien habían oído decir que era de izquierdas, o como lectores de mis libros, que empezaron a ser publicados por editores que no conocía, a veces traducidos bastante mal, a partir de 1964 (un síntoma del lento debilitamiento del régimen frente a la disidencia cultural y política en masa de sus jóvenes universitarios).

Hobsbawm, Eric, Años interesantes, una vida en el siglo XX. Crítica, 2003. Pág. 312-315

Evolución de la población ocupada por sectores económicos 1900-2008.

El gráfico de barras muestra la evolución de la población ocupada por sectores económicos en España entre 1900 y 2008 en tantos por ciento.

a) El sector primario incluye las actividades dedicadas a la obtención de materias primas: agricultura, ganadería, explotación forestal, pesca y minería. A principios del siglo XX ocupaba a la mayoría de la población (63,6%), debido a la que la economía y la sociedad eran agrarias. Desde entonces se ha reducido, salvo en momentos concretos, hasta alcanzar cifras muy bajas (4,0% en 2008).
– En el primer tercio del siglo XX su descenso estuvo relacionado con la fase inicial del éxodo rural.
Durante la Guerra Civil y la posguerra se recuperó, pues la población permaneció en el campo ante las dificultades de empleo y alimentación existentes en las ciudades y la errónea política autárquica que condeno al retraso económico español durante casi dos décadas. 
Entre 1950 y 1975 prosiguió la reducción de la población ocupada en el sector primario al acelerarse el éxodo rural con la mecanización del campo y la oferta de empleo en la industria y los servicios turísticos.
Desde 1975 el descenso se desacelera, por la detención del éxodo rural a raíz de la crisis y porque ya se encuentra en niveles bajos. No obstante, todavía cabe esperar un descenso, a medida que la modernización agraria obligue al abandono de las explotaciones poco rentables.
b) El sector secundario comprende las actividades destinadas a la transformación de las materias primas: la industria y la construcción. A principios del siglo XX ocupaba a un escaso porcentaje de la población (16%), debido al insuficiente desarrollo industrial.Desde entonces ha tenido un crecimiento fluctuante hasta situarse en cifras similares a las de otros países industrializados europeos (27,9% en 2008).
– En el primer tercio del siglo XX la población ocupada en el sector secundario creció con el impulso dado a la industria y a las obras públicas por la dictadura de Primo de Rivera.
– Durante la Guerra Civil y la posguerra el crecimiento se frenó a causa de la destrucción de industrias, el mantenimiento o retorno de la población al campo, y los problemas creados a la industria por la política autárquica.
– Entre 1960 y 1975, superada la situación anterior, el sector secundario cobró gran auge. Sus bases fueron el impulso dado a la industria por los planes de desarrollo y el aumento de la construcción en las ciudades industriales y áreas turísticas.
Desde 1975 la población activa de este sector disminuyó. La crisis económica, que fue sobre todo industrial, produjo el trasvase de parte de su población al sector terciario. Además, la industria moderna utiliza nuevas tecnologías que requieren menos manos de obra y demanda cada vez más servicios a la producción, dando lugar al conocido fenómeno de “terciarización de la industria”.
c) El sector terciario incluye las actividades que proporcionan servicios: transporte, comercio, turismo, sanidad, educación o finanzas. A principios del siglo XX ocupaba también a un escaso porcentaje de la población (17,8%), debido al bajo nivel de vida. Desde entonces ha crecido, salvo el paréntesis de la Guerra Civil, hasta ocupar en la actualidad a la mayoría de la población (68,1% en 2008). Las causas de este crecimiento han sido las siguientes:
– El aumento del nivel económico y del nivel de vida permite el consumo de servicios cada vez más numerosos y especializados.
– Los cambios operados en los otros sectores económicos han favorecido al sector terciario: la mecanización agraria primero y la crisis industrial después, trasvasaron población al sector terciario; y la actual terciarización de la industria fomenta numerosos servicios a la producción. 
– El desarrollo de ciertas actividades terciarias, como el turismo y los servicios públicos relacionados con la creación de la administración autonómica y europea y con el desarrollo del estado del bienestar, ha impulsado los servicios hoteleros, administrativos, sanitarios y educativos.
– La creciente incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar se realiza básicamente en este sector, e impulsa ciertos servicios como las guarderías y la ayuda doméstica. 

Evolución población activa en el sector primario. 1900-2000.

Evolución de la Población activa 1900-2000

1. Evolución de la tase de población activa en el sector primario.

El gráfico de líneas muestra la evolución de la tasa de población activa en el sector primario entre 1900 y 2000 en tantos por cierto. En general, se aprecia que el porcentaje de población activa del sector experimenta una fuerte reducción, pasando entre las fecha señalas, de aproximadamente un 67% a un 11%.

2. Causas que explican la evolución.

- Entre 1900 y 1955, el porcentaje de población activa del sector primario tuvo valores elevados. A principios de siglo, englobaba a la mayoría de la población activa (un 67%, aproximadamente). Las razones eran variadas: la economía y la sociedad eran principalmente agrarias, los otros dos sectores económicos tenían escaso desarrollo y la mecanización del campo todavía estaba poco extendida, de modo que la realización de las tareas requería mucha mano de obra. 
En el primer tercio del siglo XX, la población activa agraria inició un descenso debido al inicio del éxodo rural motivado por el exceso de brazos en el campo debido a la crisis de la filoxera en las zonas vitivinícolas y al inicio de la mecanización agraria en las áreas cerealísticas. Esta tendencia se vio favorecida por la demanda de puestos de trabajo en las áreas industriales de Madrid, Barcelona y el País Vasco, y en las obras públicas, impulsadas durante la dictadura de Primo de Rivera.
Durante la Guerra in-civil y los años de la posguerra, el descenso de la población activa del sector primario se estancó ante la destrucción de industrias y las dificultades económicas, de empleo y de alimentación en la ciudades durante los primeros años de la posguerra, que favorecieron el mantenimiento de la población en el campo, e incluso el retorno a él. Este hecho se vio impulsado por la política franquista de colonización que retuvo a la población agraria en el campo (extensión del regadio y creación de nuevos núcleos de hábitat rural).

- Entre 1955 y 1973, el descenso de la población activa agraria alcanzó su mayor volumen, coincidiendo con la etapa de mayor intensidad del éxodo rural. Las causas fueron el incremento (Baby boom posbélico retrasado), la crisis de la agricultura tradicional por la mecanización del campo, el auge industrial impulsado por los planes de desarrollo y el crecimiento del turismo, que generó puestos de trabajo en los servicios turísticos y en la construcción.

- Entre 1973 a 2000, el descenso de la población activa agraria se ha desacelerado, aunque continua decreciendo hasta situarse en cifras bajas. La causa de la desaceleración fue la crisis industrial que paralizó la emigración a las regiones industrializadas en crisis, e incluso provocó algunos retornos al campo. Tras la crisis, ha colaborado a reducir el éxodo rural el progreso de la tecnificación agraria, las políticas de desarrollo rural, la implantación en el medio rural de actividades industriales y servicios procedentes de las ciudades, y las migraciones residenciales. No obstante, todavía podría incrementarse en los próximos años, como respuesta a la modernización agraria, que hará desaparecer muchas de las explotaciones más tradicionales o de las trabajadas a tiempo parcial. 
3. Consecuencias fundamentales que se pueden derivar.
Las consecuencias del fuerte descenso de la población activa agraria se manifiestan en los terrenos demográfico, socioeconómico y medioambiental.
a) En el terreno demográfico ha ocasionado un fuerte envejecimiento de la población rural, como resultado de la emigración de los jóvenes a las ciudades, y el despoblamiento de algunas zonas. Frente a este problema, la actual política de desarrollo rural favorece la permanencia de la población rural mediante la concesión de indemnizaciones compensatorias, la mejora de la competetitividad de las explotaciones, la diversificación económica, y las ayudas a la instalación de jóvenes agricultores. Por otro lado, han quedado en el campo agricultores con escaso nivel de formación, mas reacios a la innovación. Por eso, se trata de incrementar la formación básica evitando el abandono temprano del sistema educativo; y fomentando la formación profesional y continua.

b) En el terreno socioeconómico, el descenso de población activa agraria ha ocasionado un déficit de infraestructuras, servicios elementales (recogida de basuras, electrificación, telefonía) y equipamientos (docente, asistencial, sanitario, deportivo, cultural) por falta de una demanda suficiente, con la consiguiente repercusión en el nivel de vida de la población rural. Frente a este problema se llevan a cabo actuaciones para mejorar la accesibilidad y la dotación de infraestructuras, servicios y equipamientos, garantizando que nadie quede demasiado alejado de estos. Para ello, tienden a implantarse en los pequeños núcleos urbanos repartidos por el espacio rural, que actúan como centros de concentración de la población del entorno.

c) En el terreno medioambiental, el despoblamiento amenaza la supervivencia de paisajes rurales tradicionales, de gran valor histórico y cultural. Para evitarlo la política de desarrollo rural de la UE concede ayudas para el mantenimiento de la población y de las actividades tradicionales. 

Evolución de la población ocupada en la industria. 1860-1975.


El gráfico muestra la evolución de la población española ocupada en la industria entre 1860 y 1975 en tantos por ciento respecto al total de la población ocupada.
- En 1860 la población ocupada en la industria era muy escasa, debido al retraso con el que se inició la revolución industrial. Por tanto, esta población estaba integrada en su mayor parte por personas que realizaban actividades de carácter artesanal.
- Entre 1860 y 1910, el descenso o desaceleración de la población industrial se debió a dos hechos. En primer lugar, a las dificultades que tuvo la primera industrialización en España. Después, a la desaceleración sufrida por la industria británica y francesa, de las que la industria española era muy dependiente, motivada por el traslado de las innovaciones de la segunda revolución industrial a Estados Unidos y Alemania.
- Entre 1910 y 1920, el fuerte incremento de la población industrial reflejó el crecimiento experimentado por la industria, causado por la inversión en esta actividad de los capitales repatriados tras la pérdida de las últimas colonias en 1898 y por las ventajas obtenidas de la no participación en la primera Guerra Mundial, durante la cual la industria española se convirtió en abastecedora de productos para los países beligerantes. Además, influyó favorablemente la adopción de las innovaciones de la segunda revolución industrial (utilización de los hidrocarburos y de la electricidad).
- Entre 1930 y 1940 el crecimiento de la población industrial se interrumpió. La guerra civil destruyó industrias y provocó el retorno de algunas personas al campo, y durante los primeros años de la posguerra su recuperación fue muy difícil debido a la política autárquica, que la privó de las importaciones de las materias primas, maquinaria y capitales necesarios.
- Desde 1950 esta situación comenzó a cambiar, tras una primera suavización de la política autárquica en 1953, que provocó una cierta mejora de la industria y un incremento de la 
- Desde 1960 y hasta 1970 la población industrial experimentó una fuerte subida, como consecuencia del desarrollo industrial ocurrido durante estos años, que empleó a una numerosa población, emigrada desde los núcleos rurales.
- A partir de 1970 comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de la crisis, y la población industrial se estancó.

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN OCUPADA EN EL SECTOR TERCIARIO 1900-2007


El gráfico lineal muestra la evolución de la población ocupada o con empleo en el sector terciario en España entre 1900 y 2007. Este sector incluye las actividades que proporcionan servicios a la sociedad es decir, las que no producen bienes materiales, como el turismo, el comercio o los transportes.
Al empezar el siglo XX, el porcentaje de ocupados en el sector terciario era muy bajo. Las razones eran el bajo nivel de vida; el predominio de una economía agraria en la que las tareas del campo apenas estaban mecanizadas y empleaban a una numerosa mano de obra; el insuficiente desarrollo industrial; el bajo nivel de los servicios públicos; y el trabajo mayoritario de las mujeres en las tareas del hogar y en las labores agrarias.
Desde entonces y hasta la década de 1960, inició un lento crecimiento que se vio interrumpido durante el período de la Guerra Civil y la posguerra (1940 y 1950) a causa del mantenimiento o regreso de la población al campo y del descenso del nivel de vida. Así, todavía en 1950, el porcentaje de población ocupada en los servicios era tan solo del 25,9%. 
Entre 1960 y 1975, la ocupación terciaria registró un notable incremento debido a diversos motivos. Aumentó el nivel de vida de la población al superarse la crisis económica de la posguerra, permitiendo un mayor consumo de servicios; la mecanización de las tareas agrarias provocó el trasvase de parte de la población rural al sector servicios; el despegue de la industria a raíz de los planes de desarrollo, favoreció el crecimiento de servicios como los transportes y las finanzas y aceleró el proceso de urbanización; y el auge del turismo colaboró al crecimiento de muchos servicios relacionados con él, como el comercio, la banca, los transportes y el ocio.
Entre 1975 y 1980, la población ocupada en los servicios acusó el impacto de la crisis económica y moderó su crecimiento. No obstante, los servicios fueron el único sector que en estas fechas no sufrió un descenso de la población ocupada, en contraste con el grave retroceso sufrido por el empleo industrial.
Entre 1980 y 2000, la ocupación terciaria recuperó un fuerte crecimiento. Las causas fueron de diverso tipo. El sector terciario se convirtió en el refugio de los parados procedentes de la reconversión industrial; la industria, tras recuperarse de la crisis y modernizarse, se “terciarizó”, reduciendo el número de empleados en las tareas productivas y aumentando la demanda de servicios; el turismo continuó creciendo; la creación de la administración autonómica y de la administración europea incrementó los servicios en la administración pública; la implantación del Estado del bienestar estimuló el crecimiento de los servicios sanitarios y educativos; y el cambio de mentalidad social a partir de la transición a la democracia, favoreció el trabajo de la mujer fuera del hogar, que se focalizó en el sector terciario e impulsó a su vez ciertos servicios, como las guarderías y la ayuda doméstica.
A partir de 2000, la población ocupada en el sector terciario continúa creciendo, aunque a menor ritmo, dado que ya se encuentra en cifras elevadas. En un futuro próximo es previsible que todavía continúe incrementándose, dado que los valores aún están por debajo de los países más desarrollados del entorno; pero más que un crecimiento cuantitativo es esperable una mejora cualitativa y una diversificación de los servicios, que favorecerá a las áreas de mayor dinamismo económico y mayor nivel de renta.

Fernando Reinares, un análisis del 11-M.

Acabo de leer ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España de Fernando Reinares, genial la capacidad para manejar la complejidad del fenómeno en su exposición. Destacaría:

a) El análisis causal. En primer lugar, descripción de los antecedentes, a nivel interno, la formación de las primeras células con Mustafa Setmarian en los años 90 (1994) y la desactivación de la célula de Abu Dahdah y sus remanentes de la Operación Dátil (2001-2003). En otra escala, las conexiones entre células de Madrid, Bruselas, Milán y la imbricación entre grupos salafistas magrebíes (GICM y GIA). Por otro lado, el autor desarrolla un planteamiento fundamental, la necesidad de estudiar las cuestiones sociodemográficas, ya que muchos de los terroristas llegan a España a finales de los 80, con edades entre 30-40 años e inician su proceso de radicalización "la mayoría se radicalizaron en España". De forma paralela, se hace necesario estudio de ámbitos de socialización, mezquitas, congregaciones (Tabligh Jamaat), incluso las cárceles y centros de internamiento). Es un aspecto esencial, para Madrid existen los estudios de Ignacio Castien Maestro. 

b) Descripción del proceso aglutinando tramas y personajes. Dirigentes desde dentro: Maymouni, Chebli, Tunecino; apoyos colaterales que se van insertando: Mohamed Afalah, Lamari y el Egipcio y, finalmente, el grupo de delincuentes comunes convertidos en yihadistas de Jamal Ahmidan (El Chini). Controlando el proceso, el autor de la masacre, Amer Azizi, cuya evolución es esencial para entender la complejidad del fenómeno que tratamos, del joven emigrante marroquí que "bebía demasiada cerveza, fumaba hachís, disfrutaba de la música reggae y era considerado un modelo de apertura" al integrante en 1995 de la célula de Abu Dahdah, Bosnia, Afganistán, Pakistán, hasta convertirse en adjunto de operaciones exteriores de la matriz de Al Qaeda y morir en un bombardeo norteamericano. Una trayectoria biográfica a tener en cuenta junto a los aspectos socioeconómicos indicados previamente.

c) Cronologías significativas. Por un lado, la secuencia de atentados, partiendo de la bomba que estalló en 1995 en un ramal de la Réseau express regional (RER, el regional francés) en Paris, Nairobi y Dar es-Salam en 1998, 11-S de 2001, Bali 2002, Casablanca 2003. Por otro, la propia cronología de la red del 11-M, "aproximadamente dos años y tres meses que transcurrieron entre la decisión de atentar y el 11 de marzo de 2004". En este punto, se plantea una interpretación bastante menos conspirativa de lo habitual en nuestra prensa sobre la elección de la fecha del 11 de marzo de 2014, es más, ni la guerra de Irak había comenzado, ni las elecciones estaban convocadas cuando los terroristas manejaban ya esta fecha según datos precisos que desbroza el autor, números de tarjetas, contratos con datos falsos, etc.. 

d) Los contextos. La memoria del ruido recicla los ecos prepotentes de aquellos remotos desiertos y lejanas montañas. Lo global y lo local, se impone la red. La decisión de atentar la toma Amer Azizi en Karachi (Pakistán), en Estambul se reorganizan estrategias, salidas y entradas a campos de entrenamiento en Afganistán, Marruecos, Irán, Pakistán. Por otro lado, lo local, un piso en el barrio de San Cristobal de los Ángeles de Madrid, la casa de Morata de Tajuña, la mina asturiana, el piso de Leganés, Santa Coloma de Gramanet y en CLM Mocejón.

e) Interpretaciones. El autor no aborda las teorías conspirativas. El libro desmonta la tesis académica de la célula aislada y de la yihad sin líder. La inserción dentro de la estrategia Al Qaeda queda bien fundamentada en la figura de Amer Azizi. Por otro lado, el tema del clásico modus operandi de atentados suicidas en el yihadismo sirve al autor para explicar dos cuestiones, la explosión de Leganés y, lo que es más importante, señalar que el ciclo terrorista no estaba terminado. 

f) Esperanzas. La desactivación del "segundo 11-M" en Barcelona a comienzos del 2008. 

En definitiva, un libro excelente que deja un par de conclusiones a tener en cuenta. 
1. El terrorismo global es un fenómeno polimorfo, diversificado y heterogéneo.
2. Es una amenaza que no cesa y la falta de coordinación en la información es clave para evitarlo.
3. El 11-M dividió a los españoles, una triste realidad que cabe probablemente asociar a una cultura política proclive a la polarización y a la ausencia de consensos en sectores fundamentales.


* Recomiendo también un breve libro de Juan Avilés, Osama Bin Laden. El fin de una era. La Catarata, 2001.
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