Instrucción que dio el conde-duque a Felipe IV sobre el gobierno de España, 1625

Tenga V. M. por el negocio más importante de su Monarquía, el hacerse Rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente V.M. con ser Rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto, por reducir estos reinos de que se compone España, al estilo y leyes de Castilla sin ninguna diferencia, que si V. M. lo alcanza, será el Príncipe más poderoso del mundo.
Con todo, esto no es negocio que se puede conseguir en limitado tiempo, ni intento que se ha de descubrir a nadie, por confidente que sea, porque su conveniencia no puede estar sujeta a opiniones y cuanto es posible obrar en prevención y disposición, todo lo puede obrar V.M. por sí mismo solo.

Instrucción que dio el conde-duque a Felipe IV sobre el gobierno de España, 1625

ARBITRISTAS. SANCHO DE MONCADA. LA CRISIS DEMOGRÁFICA DEL SIGLO XVII.

Las causas de faltar gente de España son muchas. Las antiguas (conocidas aun de los extranjeros), son pestes, guerras, hambres, y muchas expulsiones de arrianos, moros, judíos, y otros infieles, que hicieron los señores Reyes de España. La segunda, las guerras de Nápoles, Sicilia, Milán y Flandes, y otras muchas que ha tenido España. La tercera, las colonias, presidios y poblaciones, que tiene y ha tenido en tan anchas Indias Orientales, y Occidentales, y fuerzas de África. […] Pero nueva causa de faltar gente hay, porque el año de 1600 se advirtió a V. M. gran falta de ella, y el de 1601 hubo peste, y el de 1609 la expulsión de más de cuatrocientos mil Moriscos, y la mayor se conoce pocos años acá, de modo que los curas dieron un memorial a Toledo, en que advierten que falta la tercera parte de la gente (y aun hay quien dice que falta de tres partes de ella las dos) y dicen que en la carnicería se pesa menos de la mitad de la carne que solía. Y es cosa lastimosa que de sesenta casas de mayorazgos de a tres mil ducados de renta que solía tener, no quedan seis y de toda Castilla, Andalucía, la Mancha, Reino de Valencia, y hasta de Sevilla, todo es despueblos. Y el padre fray Diego del Escorial refiere que le dijo el Obispo de Ávila, que de poco acá faltan sesenta y cinco pilas de su Obispado, de donde se colige lo que será en lo demás.

Sancho de Moncada, Restauración política de España, 1619

MAPA CONCEPTUAL. AUSTRIAS MENORES. SIGLO XVII.


MAPA CONCEPTUAL. CARLOS I (1516-1556) Y FELIPE II (1556-1598).


MAPA CONCEPTUAL. REYES CATÓLICOS.


Toma de Numancia

Los numantinos, acosados por el hambre, enviaron a Escipión cinco hombres, a los cuales habían encargado averiguar si este les daría un trato moderado si se entregaban a los romanos. […] mas Escipión, sabedor de lo que ocurría en la ciudad por los prisioneros, les respondió que debían ponerse en sus manos y rendir la ciudad y sus armas. […] Los numantinos se encolerizaron mucho más por sus desdichas cuando se les informó de la respuesta de Escipión […]. No mucho después comenzaron a lamer pieles cocidas ante la total ausencia de comestibles, de trigo, ganado y yerba. Mas, cuando aquellas también faltaron, comieron carne humana cocida, comenzando por la de los muertos.

Apiano, Ibérica, siglo II a.C

Empezando curso. Ya podéis descargar los materiales de 1.1. Hispania Romana y Monarquía visigoda.

Estimad@s alumn@s.

Ya tenéis los materiales del primer epígrafe en el apartado dedicado al primer tema. Aquí tenéis una sencilla guía de navegación.




Estoy elaborando la aplicación para móvil. Sí queréis empezar a utilizarla debéis ir a la siguiente dirección http://felixprofe.wixsite.com/gestiondelamemoria (en versión PC aparece todo desordenado). 




Coplas para sobrevivir. Conchita Piquer, los vencidos y la represión franquista.

"Ojos verdes" fue compuesta un año antes de la guerra civil española, cuando a la República le quedaban unos meses, aunque eso nadie lo sabía. ¿Qué significo para muchos españoles esta canción? 



Según Stephanie Sieburth, "numerosos vencidos habrán encontrado en la difícil situación de la protagonista de "Ojos verdes" un eco de su propia situación. Tanto para la protagonista como para los vencidos, el duelo no estaba legitimado por la sociedad de su entorno. En esta copla la relación amorosa de la prostituta es también ilegal por definición. Debido a la naturaleza ilegal y transitoria de las relaciones, ella no podía exhibir el duelo que estaba elaborando por el jinete ni hacer directamente a él en vez de al público. Por eso la canción se dirige directamente a él en vez de al público. Esta canción es un acto comunicativo íntimo entre la prostituta y su amante ausente, o entre el sujeto de un duelo y el objeto de su pérdida, en el que el público escucha secretamente. A través de este subterfugio, "Ojos verdes" proporciono a los vencidos la oportunidad de hacer público y audible su duelo en forma de clave, mediante la interpretación del papel de la prostituta, esa otra persona que, como ellos, también estaba de duelo y privada de sus derechos a exhibirlo.


Cuando expresa a su amante ausente y a sus oyentes toda la profundidad y la amplitud de su vivencia, la prostituta se muestra como una persona digna y de profundos sentimientos. Por mucho que el régimen la hubiese marginado por pecadora, el relato en primera persona de su experiencia y de sus sentimientos desmiente esa versión oficial. Al interpretar su papel también en primera persona, los vencidos podrían proclamar ante el mundo que sus historias de amor y de pérdida merecían ser destacadas al mismo título que las de cualquier otra persona. De esta manera, la canción reivindicaba a quienes el régimen había convertido en marginados, distorsionando o, simplemente, haciendo su historia". 




Enseñanza de la lengua, castigo y nacionalismo.

El castigo no suele aparecer en las representaciones habituales de la escuela, sin embargo, ha sido durante mucho tiempo considerado el eje sobre el que pivota la disciplina, el control, en definitiva, el "gobierno de la clase". No obstante, el castigo escolar tiene también una dimensión política no menos interesante, y no únicamente en contextos de clara represión política, sino que también es muy relevante en los procesos ordinarios de enseñanza en relación con disciplinas "nacionalizadoras".

En ambas fotos aparece un aro, una práctica que se usaba en Asturias, Galicia y Euskadi para señalar y estigmatizar al niño que se expresaba mal en castellano, un objeto del que subyace una práctica escolar de la exclusión al servicio de un interés nacionalizador.


Niños de Galicia a comienzos del siglo XX. El niño enmarcado con aro o anillo es señalado como desconocedor del castellano.

Grupo de niños de La Felguera. Algunos -los más ilustrados- muestran objetos de la escuela en la mano. Otro aparece rodeado con un aro, señalando que se expresaba mal en castellano.

En Galicia , al igual que en otras zonas, se vivía en una situación diglósica. La viñeta de Castelao expresa el hastío hacia una escuela extraña a la propia cultura especialmente en las zonas rurales.



Fuente: Agustín Escolano Benito, La España cubista de Luis Bello. Visiones desde la escuela, Madrid, UNED, 2014.

LA ROSA O LA BELLEZA EFÍMERA DE LA II REPÚBLICA.


19 de septiembre de 1936. La guerra civil que asola España va por su tercer mes, y aunque en un principio se había pensado que iba a ser de corta duración, poco a poco comienza a calar entre la población la idea persistente de que la resolución del conflicto no iba a ser tan fácil, y que la Segunda República -que había nacido con tantos sueños de progreso- se veía amenazada. En un pueblo de la provincia de Ciudad Real, una maestra asiste al desplome de la escuela republicana. Siente impotencia, siente dolor. Y surge en ella el pensamiento, cada vez más firme, de dejar por escrito su testimonio personal de lo que la Segunda República significó en el terreno educativo. No sabe cómo hacerlo por el temor a lo que está aconteciendo. Sin embargo, una idea se abre camino para conseguirlo. Existe, en las aulas escolares, un cuaderno colectivo que elaboran todos los alumnos, el cuaderno de rotación, generalizado durante los años republicanos por su fuerza metodológica y didáctica. Este cuaderno favorece el trabajo en equipo, la presentación esmerada del trabajo, el esfuerzo, la colaboración de todos los niños. Se llama de rotación porque cada día un niño, por riguroso orden de turno, vuelca en sus páginas lo más importante que se ha hecho durante el día en el aula. Es un cuaderno que registra el acontecer diario del curso escolar y que pertenece a la escuela como un testigo del paso de los alumnos por el aula. 

A la maestra se le ocurre dejar su testimonio guardado y velado en este cuaderno apaisado, de paste de hule negro, rayado, que había sido comenzado en enero de 1936. Dan las vacaciones de verano, las alumnas vuelven en septiembre, pero no existe ni un solo apunte que narre la contienda fraticida. Las páginas se suceden rítmicamente con letras diferentes de las alumnas del aula. El 19 de septiembre, una niña copia en el mismo el ejercicio que había previamente realizado cada una de ellas en su cuaderno individual de deberes. Es una poesía de Góngora titulada "A una rosa". La hoja del cuaderno queda dividida en dos apartados: a un lado, la poesía, al otro, un dibujo de un ovalado jarrón azul con rosas. El soneto es todo él una metáfora. En él se iguala la belleza efímera de la rosa al periodo republicano. Y marca el sufrimiento de la maestra, que no acepta que se hunda el nuevo modelo pedagógico que en la escuela se iba afianzando con el trabajo y la voluntad de muchos docentes comprometidos en ese ideal. En su fuero interno sabe que "la robusta mano" acabará con ella y pregunta: "Para tan breve ser ¿quien te dio la vida?".
La República nace el 14 de abril de 1931 y marca uno de los periodos quizá más cortos pero también de mayor dinamismo en el terreno educativo. En esta etapa se va a priorizar la atención, tanto al sistema educativo formar como a las actuaciones fuera del sistema, con la convicción de que la evolución y el desarrollo de España pasan por erradicar el analfabetismo, la gran masa de la ignorancia, y difundir la escuela. Podría decirse que la II República es escenario de confluencia de tres tradiciones: la de la Ilustración, la de la Institución Libre de Enseñanza y la del PSOE. Estas impulsan medidas fundamentales como la reforma del plan de enseñanzas de las Escuelas Normales; la nueva regulación normativa de las inspección escolar; una política de construcciones escolares; la ley de congregaciones religiosas en el plano legislativo, que impulsa el laicismo; la incorporación de metodologías activas y novedosas en la escuela; la fundación de las Misiones Pedagógicas, que llegan a los rincones más atrasados de la España profunda; la consolidación del prestigio de la Junta de Ampliación de Estudios o el Museo Pedagógico Nacional.
Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública, demandará la socialización de la enseñanza, basándose en la tesis que integra la escuela única o unificada: la relación entre la enseñanza superior y la vida social, el valor profesional de la enseñanza y la preocupación por la enseñanza de adultos. La escuela se va a convertir en el arma ideológica de la revolución española, en frase del propio director general de primera enseñanza, Rodolfo Llopis. La hermosura de la rosa es semejante a la República en su firmeza por dignificar la escuela pública y al magisterio primario.
Sin embargo, en la rosa que va madurando "está escondida la muerte temprana". Después ...viene el silencio. Los silencio hablan por sí mismo, a veces más que las palabras. Los silencios de la escritura y de los cuadernos son las páginas en blanco, tres hojas que siguen al poema y que representan los tres años de la guerra. Tal vez el poema habría pasado desapercibido si se hubiera seguido escribiendo en la página siguiente, y en la siguiente, pero no fue así. El vació blanco llena varias hojas ¿Por qué? Tal vez la escuela se cerró, tal vez la maestra no quiso volver a escribir en un cuaderno que era el testimonio fidedigno de lo que sucedía en el aula, tal vez se le acabaron las ilusiones... Es algo que nuca sabremos con certeza. Lo que si conocemos es que, más adelante, de nuevo, se retoma la escritura en el mismo cuaderno, ya en el año 1940, con unas palabras ¡Viva España! ¡Arriba España!. Se empezaban así otra época. La maestra se lamenta en la poesía junto Góngora: "Si te engañó tu hermosura vana, bien pronto la verás desvanecida, porque en ese hermosura está escondida, la ocasión de morir muerte temprana". Las ilusiones del proyecto republicano en el que se comprometen figuras como Luzuriaga, Fernando de los Ríos, LLopis, Marcelino Domingo o Domingo Barnés se desmoronaba tras la devastación que supuso la guerra. El cuaderno llegó hasta nosotros, en el siglo XXI, con unas maneras de concebir y hacer la escuela muy diferentes de la republicana y de la franquista. Sabemos que la maestra siguió al frente de esa escuela, y luego en la de un pueblo cercano, durante mucho tiempo, educando a generaciones de niñas. Hasta que las rosas volvieron a florecer, ella siguió manteniendo en la escuela la semilla viva que se sembró en el primer tercio del siglo XX.

Bienvenido Martín Fraile e Isabel Ramos Ruiz, La historia contada en los cuadernos escolares. La Catarata, 2015.

LAS NUEVAS FORMAS DE SOCIABILIDAD EN EL SIGLO XIX




Las nuevas bases sobre las que se fue estableciendo el liberalismo comportaban la creación de unas formas de organización que encauzaron los distintos deseos, más o menos acordes o enfrentados, de los distintos grupos sociales. Las continuadas pugnas por lograr una mayor libertad de opinión y de prensa o por ampliar las libertades de asociación son una clara muestra de la importancia concedida tanto a las nuevas formas de influencia en la opinión ciudadana como a la defensa de los propios intereses, cuando estos entraban en conflicto con los de otros grupos sociales e instituciones.

Los nuevos medios de difusión, confrontación y propaganda de las distintas ideologías presentes en la sociedad española del siglo XIX fueron, básicamente, las tertulias político-literarias, realizadas en algunos de los "cafés" de las grandes ciudades y que ocasionalmente dieron lugar a los liceos y ateneos, y la prensa periódica.

LAS TERTULIAS POLÍTICO-LITERARIAS: LOS CAFÉS Y LOS ATENEOS.

EL CAFÉ. 
Las reuniones de los cafés han sido consideradas como la forma más elemental y característica de agrupación de tipo moderno no basada ni en el rango social ni en los lazos familiares, sino en las opiniones libremente compartidas y discutidas entre los asistentes a dichas tertulias. En este sentido se les considera igualmente como los primeros centros de opinión de una sociedad parcialmente democratizada. Cuando crezca, posteriormente la importancia de la prensa, los cafés y sus tertulias continuarán teniendo gran importancia, hasta bien entrado el siglo XX, como centros primarios de sociabilidad masculina casi exclusivamente, de muy diversos grupos profesionales, sociales o políticos, incluyendo ya entonces a las asociaciones de tipo obrero y republicano.
En las reuniones celebradas en estos cafés de mediados del XIX era frecuente la presencia de literatos, periodistas, pintores, grabadores o impresores, que formaban la llamada "bohemia" española, que incluye a todos aquellos que, sin oficio estable, intentan dedicarse y destacar en el mundo de las letras o de las artes. Para lograr sus propósitos tuvieron que desplazarse a vivir en las grandes ciudades, que eran los lugares donde se daba una mayor vida cultural y que era la que les podía posibilitar alcanzar su meta artística, social y económica. 


DE LA TERTULIA AL ATENEO. 
Estas tertulias no se celebraron exclusivamente en los cafés, sino que también se realizaron en casas particulares de personas relevantes de la política o de la cultura. Estas reuniones, en ocasiones, dieron lugar a los Liceos o Ateneos, ya más institucionales y abiertos a otros públicos, y de cuyas direcciones solían formar pare los burgueses más representativos de la ciudad. El Ateneo de Madrid, por ejemplo, se constituyó en 1835 y en sus primeras juntas directivas estaban integrados gran parte de los políticos más destacados del siglo XIX, en su mayoría ministros o incluso presidentes de los distintos gobiernos liberales. 
Los ateneos no sólo fueron centros de debate político, sino que destacaron de igual manera por su aportación directamente cultural y científica. En ellos se establecieron cátedras, similares a las universitarias, y se dieron cursos y lecciones frecuentemente más actualizadas que las que tenían lugar en las propias universidades, más proclives a repetir lo ya tradicionalmente establecido y a no introducirse en los debates relacionados con las nuevas aportaciones científicas como, por ejemplo, las discusiones a propósito de evolucionismo, de las nuevas teorías liberales o de las nuevas concepciones a propósito del estudios de la historia.

LA PRENSA.

Hacia mediados del siglo XIX, los periódicos desempeñan ya una función política de primera magnitud. Estamos en una época en la que la prensa se distribuye, en su mayor parte, entre los suscriptores de la misma, aunque una parte menor también pueda ser adquirida sin necesidad de estar suscrito. La mayoría de periódicos aparecieron en grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, pero también abundaron en otras capitales provinciales y en ciudades con un menor número de habitantes. Muchas de estas publicaciones tuvieron una corta duración tanto porque disponían, en su mayoría, de escasas fuentes de financiación, como por el hecho de estar relacionadas con campañas puntuales de propaganda política o religiosa o de denuncia de alguna irregularidad administrativa general o local.
La presa publicada contaba, muy frecuentemente, con un corto número de páginas: en ocasiones, una sola hoja; normalmente con cuatro páginas y sólo esporádicamente con un número mayor. Las ilustraciones fueron muy escasas hasta después de los años cincuenta, con la excepción de algunas pocas revistas, las más caras, que hicieron publicidad de sus características imágenes en los propios titulares de las mismas, como, por ejemplo, La Ilustración Española y America o La Ilustración Artística. 
Los distintos gobiernos de tipo moderado y conservador, una vez lograda la instauración del sistema liberal, intentaron controlar a la prensa, especialmente a aquella que era más crítica con sus actuaciones políticas. Inicialmente lo hicieron a través de la censura o de la exigencia de autorización previa de publicación. Posteriormente se tendió a formas más indirectas de control económicos tales como la exigencia de depósitos previos, gastos de envío postal o el reparto de publicidad oficial en función de la línea política de los periódicos. 




LOS EMISORES: TIPOS DE PRENSA. 

Todo partido o grupo político intentaba disponer de uno o varios periódicos con los que propagar, por una parte, sus ideas y opciones y, por otro, atacar o ridiculizar las de sus adversarios políticos. Esta prensa política, por lo tanto, podía ser tanto de crítica seria como irónico-satírica. De hecho, las publicaciones de este último tipo fueron muy abundantes y en ellas se incluían numerosos grabados y viñetas en los que se ridiculizaba ácidamente a los dirigentes de las formaciones políticas opuestas. La Iglesia católica española, enfrentada con el liberalismo, también contó con un número amplio de publicaciones y en su conjunto igualaba prácticamente a las realizadas por el resto de la prensa política. 
Sólo hacia finales del siglo XIX comenzó a desarrollarse la llamada "prensa de empresa" o periodismo moderno, esto es, un tipo de prensa no vinculado directamente a la propaganda partidista y que funcionaba básicamente como otro tipo de empresa capitalista, con el ánimo de obtener beneficios económicos en función de las inversiones realizadas. 


EL PÚBLICO. 

El desarrollo de la prensa estuvo vinculado a la creciente alfabetización de la sociedad española, en especial desde mediados del siglo XIX, mediante la configuración del sistema público de enseñanza. Aunque la creación de este sistema público, sobre todo, de la generalización de la enseñanza primaria, fue muy importante sólo se consiguió que una parte de la población española lograse alcanzar un grado suficiente de capacitación para la lectura y la escritura. De hecho, la lectura en voz alta aún siguió siendo una de las formas más frecuentes y populares de conocer aquello que estaba en los periódicos o en los libros. 

EL TEATRO


Los teatros desempeñan también esta función de discusión y propaganda políticas. A través de sus textos literarios se defendían o se atacaban las posiciones y los planteamientos que, de otra forma, estaban presentes en los cafés, las tertulias o la prensa. De hecho, el interés de los gobiernos o de la Iglesia por controlar ideológicamente las representaciones teatrales fue casi tan importante como el ejercido sobre la prensa periódica.




LAS FIESTAS REVOLUCIONARIAS.





Las fiestas revolucionas tuvieron escasa importancia en España a causa de los escasos años en que hubo gobiernos progresistas que las permitieran o impulsaran. Sólo en ocasiones se celebraron desfiles o entregas de banderas en conmemoración de la Constitución de 1812 o, a imitación de lo hecho durante los años iniciales de la Revolución francesa, se realizaron desfiles o se plantaron "arboles de la Libertad". La celebración del Primero de Mayo, como Día o Fiesta del Trabajo se estableció internacionalmente en 1889, aunque en España tardó unos años en ser reconocida como tal. 

EL DOCUMENTAL HISTÓRICO EN ESPAÑA. ESPAÑA. UNA HISTORIA INMEDIATA.

En general solemos atribuir a Victoria Prego y la Transición los documentales que vimos de niños, sin embargo, estos fueron elaborados en el año 1995, cuando ya no éramos tan niños. Cosas de la memoria. En el otro extremo, nos viene a la cabeza Memoria de España, el megaproyecto audiovisual que el gobierno Aznar (se estreno en febrero de 2004) llevó a cabo en paralelo a la reforma del currículo de la materia de Historia de España en 2º Bachillerato, descubrimos, con sorpresa, que el Homo Antecessor ya era un patriota español, siempre de la mano del historiador de guardia de la derecha civilizada, Fernando García de Cortazar.

Por otro lado, es habitual olvidar los trabajos realizados en los años 80, en general con un buen soporte historiográfico (Tuñon de Lara, Ángel Viñas, Julio Aróstegui, etc.. estaban entre los historiadores) y centrados en la historia contemporánea y la guerra civil como temática principal. Por tanto, no todo fue desmemoria en la Transición.  

Estas series documentales fueron La víspera de nuestro tiempo, Memoria de España. Medio siglo de crisis, España. Historia Inmediata y España en guerra 1936-1939. He recopilado en nuestro canal de youtube España. Historia Inmediata, una de las mejores series de documental histórico realizadas en los 80.

La producción de España, historia inmediata se inicio en1981, pero la serie no se estreno hasta el 8 de enero de 1984 a la 22:00 en la Primera Cadena. Dirigida por José Luis Guarner y producida por José Fernández Cormenzana, pareció tomar el relevo a Memoria de España. Medio siglo de crisis, ya que reanudó la narración de la historia precisamente donde se había interrumpido ésta, es decir, en la antesala de la Guerra Civil. La serie pretendía, en palabras de Cormenzana, una visión "progresista" de los hechos acaecidos en nuestro país. 

La serie documental cuenta con las explicaciones de expertos como José Luis Alcofar, José Luis Aranguren, Joaquín Ruiz-Gimenez, el coronel Herrera, Enrique Fuentes Quintana, Antonio Hernández Gil, Jordi Solé Tura, Gonzalo Torrente Ballester y Javier Tusell. Además la serie inauguró una nueva presentación de los testimonios en la pantalla, ya que, a partir de ella, las talking-heads comenzaron a ser identificados mediante subtítulos y, al contrario que en los documentales anteriores, sus declaraciones fueron montadas sin estar precedidas de las preguntas que las motivaron. 

Por otro lado, tanto Memoria de España. Medio siglo de crisis como España, historia inmediata incorporaron al actor Fernando Rey como presentador y verdadero hilo conductor de la historia contada. La serie se cerró con veintiún episodios de una hora de duración. A los diecisiete que trataron los hechos y personajes históricos del periodo estudiado (hasta los años 50) se añadieron también seis ensayos monográficos de fenómenos históricos clave en la vida española desde principios del XIX. 

Espero que disfrutéis de la serie. Recomiendo el número 17. Un largo camino.

Pincha en la imagen para ver la serie documental.



Por último, es recomendable la lectura del libro que me ha llevado a este tema. 
Hernández Corchete, Sira, La historia contada en Televisión. El documental de divulgación histórica en España. Gedisa, 2008.

Hobsbawm y la España de los cincuenta.

Llevaba un tiempo con una tarea pendiente, la lectura de la autobiografía de Eric Hobsbawm, un autor que siempre ha sido una de mis referencias. El libro complementa su Historia del Siglo XX con interesantes reflexiones sobre el Stalinismo, la Guerra Fría, el Mayo del 68, la evolución de los Partidos Comunistas en Europa, los intelectuales, etc.. Los aspectos referentes a España suelen aparecer a lo largo del libro, siempre vinculados a la movilización de la izquierda británica a favor de la República durante la Guerra Civil, no obstante, el capítulo 20 "De Franco a Berlusconi" se dedica a España e Italia específicamente, en España son dos las experiencias del autor, una incursión en Puigcerdá en plena Guerra Civil, con no demasiada fortuna, y su viaje a España en 1951, del que os dejo este fragmento, con algunas intuiciones, a mi parecer, bastante interesantes.



Ya no estoy seguro de qué me empujó a viajar a España en las vacaciones de Semana Santa de 1951. Era un país cuya lengua desconocía, aparte de algunos textos de eslóganes y canciones de la guerra civil y el vocabulario ideológico que, en cualquier caso, era internacional. Como haría posteriormente en Italia, tuve que aprenderlo con las conversaciones, haciendo uso de vez en cuando de un pequeño diccionario de bolsillo. (Me resultó más fácil en Italia, donde la gente con la que hablaba utilizaba un italiano culto, que en España, donde apenas pude intercambiar información con intelectuales. De haber podido, probablemente nos habríamos entendido en francés.) Pero de una forma u otra, lograría cierta fluidez -aunque no gramatical- en ambas lenguas en muy poco tiempo, empezando inmediatamente después de mi llegada a Barcelona, por una velada en el Café Nuevo del Paralelo (café y espectáculo, un duro) cuando mi vecino, un albañil recién llegado de Murcia en busca de trabajo, me enseñó palabras tales como “guapa”, “fea”, “gorda”, “delgada”,”rubia”, “morena” y otros vocablos importantes mientras me indicaba su significado señalando los rasgos correspondientes en Ias artistas (mediocres) del diminuto escenario.Mis apuntes de entonces dan a entender que sentía muchísima curiosidad por las noticias en torno al gran boicot a los tranvías, llevado a cabo con éxito a principios de marzo en Barcelona, contra la subida de las tarifas, al que siguió una huelga general sobre la que escribí un trabajo a mi regreso. Pensaba, con demasiada anticipación, que aquel acontecimiento «rompía esa corteza de pasividad que (ante la falta de organizaciones ilegales eficaces) constituye el mayor triunfo de Franco en la actualidad... Fue una valoración excesivamente optimista, aunque las primeras brechas en el régimen empezaron a abrirse en la segunda mitad de esa década. Los exiliados antifranquistas que conocí por aquel entonces no provenían exclusivamente del entorno republicano, como era el caso del historiador Nicolás Sánchez Albornoz, hijo del hombre al que los emigrados seguían considerando presidente nominal de una República fantasma, sino que eran hijos de familias que formaban la elite franquista. Uno de ellos, mi querido amigo Vicente Girbau León, había pasado de su puesto en el Ministerio de Asuntos Exteriores del general directamente a una de sus cárceles. Posteriormente compartiría conmigo mi piso en Bloomsbury, antes de colaborar en la fundación de la casa editorial Ruedo Ibérico, cuyas publicaciones, entre ellas la obra pionera sobre la guerra civil española escrita por Hugh Thomas pasarían de contrabando a la Península y ejercerían durante los años sesenta una gran influencia en el interior del país sobre el movimiento de disidencia juvenil en rápida expansión. También fue él quien me puso más tarde en contacto con los anarquistas.
En cualquier caso, en 1951 tuve mi primera experiencia de una Barcelona que seguía estando llena de “esos grupos de la policía armada con uniforme gris y con fusiles y metralletas, diseminados cada cien metros por el centro de la ciudad y las puertas de las fábricas” que también vigilaban los característicos edificios palaciegos de las sedes bancarias, símbolo del paisaje de las calles céntricas de la ciudades de la España de Franco cual fortalezas de los dirigentes que regían los destinos de un pueblo hambriento. Tras unos días en Barcelona me dirigí, haciendo una combinación de desplazamientos por tren y en autoestop, hasta Valencia, luego a Murcia, Madrid, Guadalajara y Zaragoza, para terminar regresando a Barcelona.
A comienzo de los cincuenta España era un país pobre y hambriento, quizá más hambriento que lo que ningún ser viviente pudiera recordar. La gente parecía vivir de patatas, coliflor y naranjas. Mientras contemplaba la maravillosa catedral de tonalidades rosadas de Tarragona entra las ruinas de su época romana, me preguntaba si acaso la ciudad había atravesado alguna vez en su antiquísima historia por una situación tan dramática como aquélla. En España no había voces públicas. Las noticias que se producían en Barcelona llegaban al resto del país de boca en boca, por los viajeros como yo, por los vendedores ambulantes, los camioneros y algún oyente ocasional de las emisoras dc radio extranjeras. En la prensa sólo se hacían oscuras alusiones. Intelectualmente, España, la mayor parte de cuyos talentos había emigrado, era un país asfixiado (pocas obras españolas en las librerías “serias”; las traducciones e incluso los clásicos de la literatura española estaban principalmente en ediciones que procedían de América Latina).
España era infeliz. Una y otra vez, en cafés, en las cabinas de los camiones, en las oficinas increíblemente feas del servicio de correos, en los vagones de los trenes, lentos pero baratos, la gente solía hacer comentarios como: “Este es el peor país del mundo” o “La gente de este país es más pobre que la de cualquier otro lugar”. “Todo en este país ha ido de mal en peor desde Primo de Rivera”, decía la matriarca de una familia de buhoneros de Madrid que me tomó bajo su protección. España no había olvidado la guerra civil, y los vencidos, aunque desprovistos de todo poder y sin esperanzas, no habían cambiado su forma de pensar al respecto. Y sin embargo, una y otra vez, cuando surgía el tema, siempre había alguien que decía: "La guerra civil: no hay nada peor. Padres contra hijos, hermanos contra hermanos”. La España de Franco de comienzos de los cincuenta era un régimen que se sostenía en cl argumento de Thomas Hobbes de que cualquier orden político eficaz es mejor que no tener orden. El régimen sobrevivió, a pesar de lo perceptible que era su injusticia y de la impopularidad de que gozaba entre las masas -en cualquier caso en la zona este del país por Ia que viajé-, no tanto por su poder y su disposición a sembrar el terror, sino porque nadie deseaba otra guerra civil. Quizá Franco no habría conseguido mantenerse en el poder si, al final de la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos y los británicos hubieran decidido lo contrario y hubiesen permitido a las unidades de la resistencia armada del sur de Francia, compuestas en su gran mayoría de españoles republicanos, invadir el país. Pero no lo hicieron.
Jornaleros agrarios en Guadalajara. Años 50.

España, sobre todo, era un país aislado. Su régimen manchado de sangre seguía viviendo bajo el caparazón de la antimodernidad, bajo el catolicismo tradicionalista y la autarquía. La extraordinaria industrialización del país, que lo haría irreconocible y que incluso cambiaría el aspecto físico de los españoles en los treinta o cuarenta años siguientes, apenas había empezado. ¿En qué otro país europeo, excepto en Portugal -otro Estado igualmente enclaustrado-, se podía encontrar aún un lugar como Murcia, cuyo aspecto no se diferenciaba en nada de una ciudad provinciana de los Habsburgo de antes de 1914: docenas de niñeras vestidas con uniforme negro y blanco, vigilando a sus niños por la alameda, observadas por los soldados desde los cuarteles cercanos: muchachas de clase media siempre acompañadas por carabinas: campesinos y tratantes de cerdos haciendo negocios en los bares del mercado? Los turistas se contaban por centenares, no por decenas de millones. Las costas del Mediterráneo todavía estaban vacías. Cuando pienso en las de la Andalucía de comienzos de los cincuenta, lo que me viene a la memoria es una carretera desierta, polvorienta, en medio de un calor sofocante, discurriendo entre las rocas y el mar bajo, y la visión de unos buitres que descendían del cielo por todos los lados para unirse al resto de sus congéneres que ya estaban destripando el cadáver de una mula o un asno. Quizá fuera la ausencia de ese gran corruptor de la moral que es el turismo en masa de los ricos en la tierra de los pobres lo que permitía a los españoles de aquella época mantener su orgullo tradicional. Nada me sorprendió más por aquel entonces que la insistencia de los hombres y mujeres humildes por mantener una relación de reciprocidad: no aceptaban un cigarrillo sin ofrecer otro a cambio, o rechazaban la invitación a una copa de brandy de un inglés evidentemente más acomodado al no poder corresponder adecuadamente, pero en cambio sí aceptaban un café porque hasta ahí llegaban. De acuerdo con mi experiencia, los extranjeros todavía no eran principalmente una fuente de ingresos para la gente pobre, ni siquiera cuando -como en 1952- llegaban a Sevilla, como hice yo con un grupo de amigos estudiantes, en un yate claramente británico y lo amarraban en la ciudad, justo en frente de los bares de Triana, que por aquel entonces aún no eran un lugar de encuentro de la gente bien.
Como España parecía anclada en su historia, y posiblemente seguiría así durante mucho tiempo, resultaba un escenario extraordinariamente peligroso para los observadores y los analistas del exterior. La presencia abrumadora de un pasado aparentemente inalterable -incluido el pasado más reciente- ocultaba las fuerzas, internas y externas, que en las próximas décadas transformarían el país de un modo más espectacular e irreversible que prácticamente cualquier otro de Europa. Me esforcé en comprender su historia, pero, aparte de darme cuenta de que el franquismo no iba a durar, sinceramente no tenía ninguna pista que me indicara adónde se dirigía. Incluso en 1966 escribía lo siguiente: «El capitalismo ha fracasado de forma persistente en ese país, y lo mismo ha sucedido con la revolución social, a pesar de la constante inminencia de ésta y sus erupciones ocasionales». Todavía no se había evidenciado para mí cuán anacrónica era esa opinión ya por aquel entonces. ¿Acaso en los años cincuenta un contacto más estrecho con la oposición antifranquista o con los intelectuales españoles me habría proporcionado un sentido más exacto de la realidad? Lo dudo, pues el único partido de oposición eficaz que existía, el Partido Comunista seguía sin querer aceptar la información que del país les traían sus cuadros clandestinos de que no se vislumbraba en absoluto un derrocamiento repentino del régimen. Los anarquistas, otrora poderosos en el seno del movimiento obrero español, no habían conseguido sobrevivir a la guerra civil como una fuerza de peso. No obstante, cuando pienso en ello, me sorprende el poco contacto que mantuve en los años cincuenta con las personas intelectual y políticamente claves de España, o, antes de los sesenta, con la nueva generación de estudiantes y ex estudiantes españoles que vinieron a verme a Londres como a alguien de quien habían oído decir que era de izquierdas, o como lectores de mis libros, que empezaron a ser publicados por editores que no conocía, a veces traducidos bastante mal, a partir de 1964 (un síntoma del lento debilitamiento del régimen frente a la disidencia cultural y política en masa de sus jóvenes universitarios).

Hobsbawm, Eric, Años interesantes, una vida en el siglo XX. Crítica, 2003. Pág. 312-315

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